jueves, enero 07, 2010

Las paradojas de la libertad de expresión



Recién pude ver el documental Shut Up & Sing (Barbara Kopple/Cecilia Peck, 2006) acerca de la historia de los años 2003-2006 en la vida artística de las Dixie Chicks, quienes, a partir de un comentario hecho en un concierto en Londres en 2003 sobre la invasión norteamericana a Irak ("Nos avergonzamos de que el presidente sea de Texas"), inició una andanada de protestas y desafiliaciones de sus seguidores más cercanos a la visión patriotera y desinformada del periodo bushista en los EU.
          Más allá de lo irrelevante del documento fílmico (la película es tediosa, redundante, sin una estética definida, malita pues), su contenido da lugar a variadas interpretaciones. Llama la atención, por ejemplo, la manera en que la publicidad y los agentes (el manager del grupo es todo un manipulador y convenenciero) tratan con los artistas; el poder que los medios de comunicación tienen en un país que funda mucha de la construcción de su sueño democrático, precisamente, en la influencia que ejercen en todos los aspectos de la vida cotidiana de los norteamericanos; llama la atención, también, la manera en que, ante la perspectiva de perder dinero (como ocurrió a la larga), la vocalista del grupo se disculpara públicamente para, después, convertirse en una aferrada escuincla berrinchuda en contra de los seguidores que le reclamaron sus comentarios; la censura que ejercieron las cadenas de radio de música country de manera casi generalizada y cómo eso fue llevado ante una comisión del Congreso a fin de revisar si no se había contravenido la primera enmienda constitucional de los EU, misma que garantiza la libertad de expresión; de relevancia resulta la poca capacidad de articulación argumental que tienen las tres integrantes del grupo, toda su resistencia y su "lucha" se basa en gestualidad, bromas casi adolescentes y una incapacidad de poder derrotar a un sistema poderosísimo como lo es el de las audiencias y los patrocinadores. No digo que la situación no haya sido grave en un país que enarbola de manera reiterada la idea de libertado como valor máximo; pero la vista del documento deja un tufillo a sospecha oportunista del que no se puede desprender fácilmente.
          Y ahora en México, este debate occidental en torno a la idea de libertad de expresión recobra importancia en tiempos de acusaciones a animadores de televisión de homófobos, de ídolos de la música grupera (lo más análogo al country gringo) censurados en reuniones de gente chic, y de otro grupero asociado con el narcotráfico. Los caminos entre arte, industria y política siempre han estado, aunque a muchos no les guste, poderosamente relacionados.

Pd. Aparte de todo esto, el disc0 que sacaron las Dixie en 2006, Taking the Long Way, no suena tan mal.

2 comentarios:

René López Villamar dijo...

Sí, yo empecé a escuchar a las Dixie chicks justamente por los comentarios, y me gustan.

Miriam Eme Eme dijo...

Pues habrá que ponerles la oreja. Qué tengas un muy buen año y una mejor década, master. Por lo menos de mucha escritura y buena vida.
Salud!
Miriam