domingo, agosto 31, 2008

Humor a quien humor merece


Casi nunca compro antologías de textos basándome en el compilador. Aunque me imagine que tal escritor, crítico o persona sobresaliente tiene un gusto excelso, prefiero quedarme con la duda.
          Sin embargo, varios años de escuchar las lecturas radiofónicas que Luis María Pescetti hacía en Radio Unam los domingos por la mañana, me llevaron a adquirir casi compulsivamente la antología de textos de humor que preparó para la editorial Alfaguara en su serie juvenil.
          La Mona Risa se llama el texto y creo que el hecho de afirmar que vale la pena es una redundancia innecesaria que, sin embargo, ya la llevé a cabo. La recomendación puede no ser humorística, pero créanme, los textos de Woody Allen, Augusto Monterroso, Jorge Ibargüengoitia, César Bruto, Maruja Torres, Samuel Becket y más, sí que lo son. Además tiene un grato descubrimiento para mí: Daniel Samper Pizano, un gran humorista. Sin más, ampliamente recomendable.

martes, agosto 26, 2008

Barcos, cohetes espaciales, carruajes con caballos… microbuses entre barrancas…


La travesía comienza en un metro o en un camión de la Red de Transporte Público (RTP), y seguirá, siempre, sin excepción, a bordo de un microbús. Esos vehículos que no pueden existir más que en esta ciudad. Dragones verdes que atraviesan la ciudad de un extremo a otro en rutas trazadas mediante el método del azar y el capricho.
         La gente se acostumbra. A esperar bajo el sol inclemente o la lluvia pertinaz. Se acostumbra a subir a las carreras, a apretujarse unos contra otros, a mirar con desconfianza al que pasa por detrás, al que no cede el asiento, al que no se quita de la puerta de salida.
         La gente se acostumbra. A sentarse en espacios imposibles, mínimos, faquirescos. A escuchar a todo volumen el nuevo éxito grupero. A ser testigo involuntario de las justas seductoras del chofer en turno. A los gritos de los ayudantes inevitables: Tacubaya, Santa Fe, Jalalpa, El Cuernito, Cuajimalpa, El Corral, El Queso, Puerta Grande, Centenario, Mixcoac, Plateros, Presidentes. Descripciones que se vuelven, de repente y sin aviso, ironías de Guía Roji: Progreso, Solidaridad, Moderna... No hay una colonia Futuro o una colonia Opción. Pero si existiera, es seguro que se llegaría a ella en microbús.
         Pásele pa’ atrás, atrás hay lugar, recórrase por favor. La metáfora perfecta de los que, sin opción al reclamo o la rebeldía, saben que no hay más lugar que ese atrás o ese hacerse a un lado. Uno tiene que ceder, pero cede hacia atrás. Donde no se ve el piso que se camina. Cada vez hay más que quieren entrar en el mismo espacio. La ciudad de México es un hervidero de nuevas presencias. Los nuevos condenados a echarse para atrás. A recorrerse. A ceder el lugar.
         Las barrancas se llenan de nuevos y clandestinos asentamientos. Las montañas pelonas se llenan de campamentos de tubos y plástico. Esto no es nuevo. Ni se da en este preciso momento. O tal vez sí, pero tiene más años. Los años en que esta ciudad sustituyó al Dorado de los Conquistadores, al Potosí de los Encomenderos, al Cuerno de la Abundancia de los políticos revolucionarios. La sobrepoblación de la zona metropolitana no es algo que ocurrió de repente. El proceso ha sido largo y sostenido. Ahora parece detenerse ante la aparición de una nueva Utopía en el horizonte. Hacia el Norte. Los defeños abandonan su ciudad para buscar el oro del Far North. Pero no todos. Ni se nota a los que se van. Las casas siguen creciendo, las personas se multiplican. Se ha detenido la expansión descontrolada, pero ahora, después de cientos de años, la ciudad comienza a crecer hacia arriba. Como la mágica planta de los frijoles mágicos.
         ¿Cuáles son los ogros que habitarán en el techo de esa planta gigante? Es posible sospecharlo: la inseguridad, el desempleo, el exceso de mano de obra (calificada, profesional y posgraduada), la corrupción como visión del mundo, las exigencias por las conquistas que la revolución (esa revolución eternamente postergada en los hechos, pero que cristaliza todos los días en leyes, decretos y disposiciones que la realidad a veces evita que sean cumplidas) les ha negado.
         “Vine al DF, porque aquí me dijeron que podría encontrar mi Futuro”, dice el paisano de los años cincuenta_sesenta_setenta_ochenta con un acento que oscila entre novela de Juan Rulfo, película del Indio Fernández y dramón de Ismael Rodríguez. Para atrás, pase para atrás, recórrase, haga lugar.

viernes, agosto 22, 2008

¡¡No me chinguen!!

Y luego se atreven a decir que para qué sirve la historia o, nuestros flamantes constructores de curriculums de educación básica, a buscar que la historia desaparezca de los programas de estudio.

La grabación original


La burla abierta con esta bestia lectoservidora...

jueves, agosto 21, 2008

Esoterismo


Siete veces siete la muerte de tus besos.
Siete crisantemos negros en tus labios.
Siete rosas rojas prendidas de tus senos.
Siete presagios muertos en silencio.
Siete pegasos locos de contento.
Siete martillos golpeándome en el pecho.
Siete soles para cada cielo.
Siete mentiras dichas en secreto.
Siete caminos no andados.
Siete miradas para siete miedos.
Siete ratones mirando el universo.
Siete cuentos imperfectos.
Siete cañones de dulce posadero.
Siete lunas mal paridas.
Siete cuchillos, siete heridas.
Siete sueños mal contados.
Siete verdades sin sustento.
Siete miércoles sin cine.
Siete ridículos sin tiempo.
Siete candados en siete puertas.
Siete canciones de frases muertas.
Siete caracolas en siete oídos.
Siete infiernos no temidos.
Siete viajes hasta el cielo.
Siete viajes de regreso.
Siete vidas como gato.
Siete gatos sin mi vida.
Siete ratos olvidados.
Siete olores que se extrañan.
Siete nervios en tu cuello.
Siete cantos en tu boca.
Siete verdes diferentes.
Solo siete cigarrillos.
Siete incendios llenos de humo.
Siete clavos en mi caja.
Siete cruces no pedidas.
Siete tornillos zafados.

Siete.

miércoles, agosto 20, 2008

Soneto


Tu ausencia es el camino misterioso
por el que tu recuerdo necio me transita,
y perdido en un silencio tormentoso
la humedad de tus labios no me habita.

Hoy he sorprendido a mi memoria
prendida en una risa interminable,
comienzo a escribir la misma historia
y vuelvo a desear que no se acabe.

Eres el principio y el final, no cabe duda,
un laberinto de espejos me lo dice,
no quiero escapar ni pido ayuda,

no hay faro de estrellas que me avise,
ni consejo ni oído que sacuda
el saber que hoy te quiero, que ayer te quise.

martes, agosto 12, 2008

Tiempos oscuros


Vivimos con el miedo habitándonos el miedo,
las lágrimas se secan con el aliento de los ángeles
malditos que bajan a la tierra cada siglo,
morimos de a poco y en silencio
mientras la vida se escurre entre los labios
de una puta calavera adormilada.
El miedo nos carcome las encías
nos vuelve hueso la misma indiferencia,
y así hueso hundido en la memoria
caminamos kilómetros a diario.
Tiempos oscuros ausentes de silencio,
tiempos malditos de sangre amoratada,
tiempos lejanos de piedad o sueño,
tiempos de celo y de carroña,
tiempos de larvas y de cráneos,
tiempos sin tiempo,
sin testigos,
sin Dios, sin mar y sin estrellas,
tiempos oscuros de muertes no anunciadas...

lunes, agosto 11, 2008

a los que quieren verme muerto/ no les puedo enseñar a vivir



Hablás de mí y no sabés quién soy
Si estoy acá o me caí de un planeta
Como un cometa que nadie vio
Me ves a mí y crees que soy yo.

Hablás de mí y no sabés quién soy
A quién amé y a quién odié de veras
Nunca sabrás si digo la verdad
Porque no sé qué mentira quisieras.

Y nunca voy a perder mis sueños
Es el único tesoro que tengo
A los que quieren verme muerto
No les puedo enseñar a vivir
Nunca voy a perder mis sueños
Aunque no pueda vivir despierto
Cuando me dicen dónde estoy
No me ven porque ya me fui.

Hablás de mí y no sabés quién soy
Cuánto placer puede darme el dolor
Como el amor de los desconocidos
Me espera el sol en una estación.

Hablás de mí y no sabés quién soy
Si me hago el vivo o me hago el muerto
Ya habrá puerto cuando no haya agua
Ya habré vuelto y casi me voy.

miércoles, agosto 06, 2008

Saber




Quiero saber
deveras
cuál es la razón
el punto
el pretexto
la maldita manera
enajenada
sin cerebro
de no apartar
la mirada
de tus ojos
que me buscan
en el viento
vacío
quieto
terciopelo
que nunca
terminan de mirarme
cuál es el motivo
la prisa
soledad
profana
de abrazar tu sombra
sabiendo
que no buscas
abrazarme
quiero saber
deveras
cuándo se irá
tu alma
a reposar
en el callado
muerto
campo roto
de mis recuerdos
más queridos
quiero saber
lo necesito

martes, agosto 05, 2008

Destinos


Hoy por la mañana comencé a impartir mis cursos de América Latina en la Universidad Iberoamericana. Comienzo a las siete de la mañana. Nunca he tenido problemas para levantarme temprano, de hecho prefiero hacer las cosas antes de que la vorágine de almas que habita está ciudad desborde las calles. Subí con calma y alegría por la avenida Centenario semidesierta, por la avenida Santa Lucía más desierta aún y me felicitaba por el hecho de recorrer un camino que habitualmente es una sucursal del infierno.
          Al llegar al inicio (o al fin, depende de la forma en que se vea) de la avenida Santa Lucía me encontré, en ese frío de la madrugada a un grupo de gente que esperaba el transporte público justo en la esquina. La mayoría eran trabajadores de la construcción. Se podían reconocer por las mochilas de mezclilla donde asomaban mangos de martillos y herramientas diversas. Casi todos tenían fisonomías indígenas. Bromeaban entre ellos. Se daban de palmadas y se empujaban unos a otros.
          Me puse a pensar, así, después de un flashazo momentáneo en cuál es el mecanismo por el cual esos chavos (la mayoría tendrían menos de 25 años) tenían una suerte distinta a la mía. Probablemente tuvieron un inicio similar: nacimiento en zona rural, migración en busca de trabajo. Pero ellos estaban sobre la banqueta, en el frío, esperando un micro seguro atestado y con un pésimo servicio, mientras yo puedo agradecer que el Smaug II (bauticé a mi coche como un acto reflejo) todavía está de buen ver y se porta requetebien.
          Agradecí no estar en el frío, esperando. Suena egoísta. Sobre todo porque siempre damos por hecho que la vida que tenemos es la que nos tocaba. Qué pensarán ellos (los otros de la banqueta) cuando ven pasar autos de mucho mayor pedigrí que el austero Smaug. Creerán que las suerte les jugó una mala pasada. O simplemente no se lo plantean. No suelo quejarme de las cosas que tengo o de la vida que llevo. Después de ver a esos chicos tendré menos valor de despreciar mi vida. Trabajo para ello, pero es probable que la suerte (de algún tipo) también tuvo que ver para que no estuviera allí. Hay que tener valor para reconocer que uno es afortunado, por muy mal que vaya la vida.

lunes, agosto 04, 2008

Presentimiento

La fantasía del déjà vu es una de las cuestiones que más me han llamado la atención a lo largo de mi vida. La sensación de vivir algo que ya se había presenciado o presentido (pre-sentido) es algo que, según yo ha sido recurrente en mi paso por este mundo. A pesar de que los psicólogos aseguran que esta situación no es más que una broma (mala broma) que nos juega nuestra mente, no deja de ser inquietante y representa una cuestión que, al no poderla explicar, se introduce en los terrenos de la intuición, la especulación y lo mágico.
          Le decía al Dr. Ciencia el día de ayer que últimamente he tenido una sensación de déjà vu constante. Como si muchas de las cosas que vivo en el día a día las hubiera experimentado en una visión o, más aún, en una experiencia total e idéntica a la que, de repente, me despierta esa sensación. Lo preocupante es que repentinamente me obsesionan cuestiones tan disparatadas como tener la seguridad (sin elementos racionales) de que voy a morir muy pronto. Y ese pensamiento se instala en mi mente sin que pueda explicarlo o hacerlo a un lado.
          Voy a explicarme. No es que quiera morirme, al menos no aún. No es que tenga tendencias o pensamientos suicidas. Pasa que siento muy intensamente la seguridad acerca de lo que me sorprendo pensando. Es decir, no pienso en la muerte. Simple y llanamente, llega el zoom de "me voy a morir este año" y me lo creo en automático. ¿Por qué? No lo sé, probablemente sea un residuo del pensamiento mágico que todos conservamos en algún lugar de la memoria.
          En fin. Me consuela saber que estas sensaciones no son exclusivas del que escribe, sino que es experimentada por, aproximadamente, el 60 % de la población del planeta. Tal vez aún tenga esperanza en el futuro. Tal vez sobreviva al 2008. O tal vez, sólo tal vez, sea un reajuste en la Matrix. En la matrix.

domingo, agosto 03, 2008

Envidia


Envidio la muerte lenta de tenerte
agazapada en búsqueda infinita.
En esperanza vana
en sonrisa interminable.

Envidio el amor de las paredes
con las arañas, las esquinas
de mi cuarto iluminado
por el resplandor de mil ojos transparentes.

Envidio que te tenga para siempre
como un recuerdo vivo, irrenunciable,
como una llamada a todas horas

como una copa de buen vino,
envidio la manera de quererte
sabiéndote lejana e imposible.

sábado, agosto 02, 2008

Uno de los olvidados



(A la izquierda, los personajes de Oesterheld preguntan por el paradero de su autor).


Héctor Germán Oesterheld es uno de los grandes autores de América Latina. Conocido sobre todo por sus trabajos en la historieta (Mort Cinder con Breccia; El eternauta con Solano López, Sargento Kirk con Hugo Pratt ), se olvida que los inicios de su carrera fue la creación literaria. Sobre todo en lo referido a la ciencia ficción. Desaparecido por la dictadura militar argentina del 76, al igual que sus cuatro hijas; aún sus ecos creativos resuenan por los confines de la memoria colectiva y la búsqueda de la igualdad (social y creativa). Acá uno de sus cuentitos (por lo pequeño) de ciencia ficción, publicado en el número uno de la revista Fierro. En éste son evidentes, al menos, dos cosas: su fascinación por los escenarios futuristas y su obsesión (que llevó a la militancia coherente) con la búsqueda de la justicia social.


Ejecución
Año 2068, en Buenos Aires, Aniceto Lara se gana la vida en Balvanera, una Reserva Urbana dedicada a preservar las pintorescas costumbres del Buenos Aires de principios del 1900. Aniceto es cuarteador, ayuda a los tranvías de caballos que deben repechar una cuesta. Gana poco, lo mismo les pasa a los otros que trabajan de compadritos, organilleros, etc. Empujado por el deseo de sacar a su mujer, Laura, del conventillo en que viven, Aniceto decide cometer un crimen: se ha enterado de que en San Isidro vive un supermillonario completamente solo.
          Consigue entrar en la casona; asiste, escondido, a las fantásticas reconstrucciones históricas que son el hobby del millonario: robots que parecen seres de carne y hueso, teleguiados por computadoras, reviven escenas culminantes del pasado histórico. Aniceto asesina al millonario y ya escapa cuando pone en marcha, sin querer, una reconstruccíón histórica: es después de Caseros, los robots-soldados de Urquiza están cazando mazorqueros, lo acorralan, le preguntan qué color prefiere, el desdichado Aniceto no sabe historia, grita que rojo, lo degüellan.