jueves, diciembre 09, 2004

Rock and Roll Reconciliation (Tercera [y última] parte)

Una cosa es clara, entre Billie Joe y Mike Dirnt, la banda tiene un contacto con el público con dos front men que muy pocas asociaciones musicales pueden presumir. La velada transcurrió entre rolas de su nueva producción (como “Jesus of Suburbia”) y clásicos de sus discos anteriores. Hubo varios momentos emotivos a lo largo de la velada. El momento en que el vocalista tomó la bandera mexicana y la ondeó hacia el público, por ejemplo, comenzaba a delinear la relación de un público completamente entregado, algunos desde hace diez años, a esta banda californiana.
Green Day se dio el lujo de subir gente al escenario para muy diversas cosas: subió a un púber para que rociara de agua al público que brincoteaba y gritaba justo frente al escenario. El chavito no se la creía con su rifle de agua disparándole al mismísimo Billie Joe. Momentos después, justo al terminar “Knowledge”, la banda invitó a tres fans del público a hacerse cargo de los instrumentos. Por ahí se vio con tristeza un cartel que desde las filas de atrás se movía hacia el escenario con una leyenda que rezaba: “I play bass”, pero que nunca fue atendida. Los tres músicos espontáneos dieron rienda suelta a su admiración y a su capacidad musical. Durante más de dos minutos se convirtieron en el centro de atención de las más de diez mil personas que había en el oriental recinto.
La banda se la rifó en serio, tocando rolas del nuevo disco, y por eso desconocidas para un servidor. Pero atendiendo a sus raíces e historia y reventándose joyas como “Long view”, “Jaded”, “King for a day” (donde un trompetista disfrazado de abeja hizo las delicias de los espectadores, además del disfraz estaba acompañado por un saxofonista que le imprimía a la banda una fuerza melódica indescriptible) y “Basket case”, por mucho la más coreada de la noche y con la que el Palacio parecía que iba a venirse abajo. La jornada siguió entre buenas puntadas del vocalista, guitarrazos bien colocados y una conexión banda-público que hacía que el momento se convirtiera en una pugna entre mirar al escenario u observar a la multitud completamente entregada. Después de una lluvia de papeles de colores entre “Wake me up”, dedicada a la memoria de Johnny Ramone, fundador de The Ramones, y “Minority”, la fiesta llegaba falsamente a su final.
El encore estuvo integrado por un homenaje a Queen con “We are the champions” y un cierre fenomenal y con un Billie Joe a solas con su guitarra y las diez mil almas que lo acompañaban al cantar “Good riddance (Time of your life)”. Final apoteósico y pánico por la cantidad de gente que se dirigía a la salida. Afuera, un cielo sereno, friíto y un chingo de vendedores que se apostaron desde la salida del Palacio hasta la entrada del metro Velódromo. El mejor concierto del año. Hacía mucho tiempo que no sentía esa energía y ese contacto con lo auténtico que puede llegar a ser la conservación del instinto adolescente. Volví a ser un greñudo mugroso y hormonal por tres horitas de mi ya no tan evidente juventud. Me reconcilié con el Rock and Roll, aquél que había abandonado por las veleidades del jazz, la pedantería de la música clásica, la capacidad de evocación de los soundtracks, las posibilidades del world beat. Ni madres. El rock, ahora que hago un poco de memoria vital, es una de las cosas que han conseguido mantenerme con vida en este eterno malestar cósmico. Let’s go rock and roll! Ya en la calle, de camino a casa con una sonrisa, no pude evitar ver a la gente caminando con la conciencia puesta en lo que debería ser el mañana. Y, sin evitarlo, recordé la canción de Spinetta:

Salva tu piel. La ciudad te llevó el verano.
Ponte color, que al morir los hombres
son blancos, más blancos que al volar sin volver.

[...] Una vez vi que no cantabas
y no sé por qué.
Si tienes voz tienes palabras,
déjalas caer.
Cayéndose suena tu vida,
aunque no lo creas.
Cuánta ciudad, cuánta sed.
Y tú, un hombre solo.



Pd. Lo único trágico, fue escuchar en la radio días después que Tre Cool (el baterista de Green Day) había declarado que era un gran admirador de Maná. En todos lados...

2 comentarios:

el Ácido dijo...

Hola Adrián (tocayo!):
Pues no creo que me recuerdes, con tantos alumnos es difícil retener los nombres y los rostros en la memoria. Pero te doy unas pistas: fui tu alumna...mmm, hace 4 semestres en la Iberoamericana, en la clase de Historia de la Cultura.
Bueno, después de estas cuantas pistas pues déjame decirte que me sorpendió encontrar tu blog, no sabía que tenías uno y lo acabo de descubrir de casualidad (¿o por causalidad?). Resulta que estaba navegando para checar el blog de Capi Conejo (mi amigo y compañero de pedas, dolores, alegrías y por supuesto de la Universidad) y ví tu nombre, desde hacía mucho checaba el blog del Conejo, pero soy taaaaan distraída que nuca había visto tu nombre. Pero, ooooh, sorpresa! Lo ví y pues entré a leerte.
Y ya que te leí un poco, quise dejarte un gran saludo. Por ahí te paso la dirección de mi blog (por si algún día te encuentras apoltronado frente al televisor o rascándote el ombligo): www.acidosodonucleico.blogspot.com. No he escrito mucho ahí ultimamente, la escuela y la vida diaria me mantienen bastante ocupada, pero se hace lo que se puede.
Vale,ya me despido porque los deberes me llaman (llevo un rato haciéndome la sorda, pero ya empiezan a gritar con desesperación).
Más saludos: Tu ex-alumna, Adriana Romero.

Elotito dijo...

Hey hey hey!! Me encantó tu post porque yo también estuve en el concierto =) Soy fan de Green Day desde los 13 años... uuuuhhh ya llovió.

También hice una pequeña reseña del concierto: http://elotito.blogspot.com/2004/12/green-day-el-concierto.html

Un saludotote!!