jueves, noviembre 05, 2009

Represión a la alza, Estado debilitado


No sorprenden, en México, las declaraciones de alguien como Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro Garza García en Nuevo León (a todo esto, según algunas fuentes, el municipio más rico de todo el país), en el sentido de que su administración ha iniciado la conformación de "grupos rudos" que puedan atacar frontalmente a la delincuencia organizada, en específico a los secuestradores que operan en el norte del país. Ha dicho que, incluso, le viene "valiendo madres" pasar por encima de las leyes o las instituciones que, constitucionalmente, están facultadas para esto.
         Sorprende, en términos de memoria histórica y de cultura general, el apoyo que diversos sectores han prestado a estas declaraciones. En términos de ciencia política, los mecanismos de represión al margen de la ley aparecen siempre que el Estado ha sido rebasado para llevar a cabo las acciones que la Constitución le atribuye a éste, como administrador de la violencia para mantener el orden (fuerza pública, se le llama eufemísticamente). Cuando instituciones como el Ejército o como la policía han sido superados por el crimen organizado (o por la oposición política a la que también se dedican a reprimir), el propio Estado genera la posibilidad de administrar una violencia que, al funcionar de manera paralela a éste, no tiene que respetar el marco legal que rige en esos países.
         Estos grupos han tenido un mayor auge en sociedades dictatoriales en las que ha sido necesaria la escalada represiva a partir de grupos paramilitares o parapoliciales (porque no son otra cosa) que, en retrospectiva, no han generado más que grupos de poder que en muchas instancias escapan, incluso, del control del propio Estado.
         En diversos contextos y etapas se han llamado Asociación Anticomunista Argentina, o Mano Negra (Guatemala), escuadrones de la muerte (Brasil) o Autodefensas Unidas de Colombia. En la mayoría de estos casos, representaban la opción del Estado o de la oligarquía para hacer frente a la oposición política o a la posibilidad de gestación de movimientos revolucionarios.
         En México, la idea floreció a partir del crecimiento desmedido del crimen organizado y los fenómenos asociados de manera indisoluble a éste: corrupción policíaca y política, vínculos entre el poder estatal y el poder criminal, imposibilidad de gestión pública para erradicar las raíces de estos males (pobreza, falta de acceso a la educación, desarrollo de la economía nacional) y, sobre todo, a un malestar creciente de la población a la que la sensación (y la responsabilidad primera del Estado) de pérdida de la seguridad se ha visto acrecentada en el presente gobierno.
         Y la memoria histórica es muy corta, incluso en el progresista gobierno de izquierda (ajá) de la Ciudad de México, la conformación de estos grupos "de apoyo" no han sido vistos con desagrado. Baste recordar a los Ángeles Guardianes que el gobierno capitalino planeaba poner a operar en el Centro Histórico para "orientar" a la ciudadanía.
         La razón de fondo para que el partido al cual pertenece el alcalde (PAN) no haya presentado una postura clara al respecto deja muchas suspicacias en el aire. El silencio augura la posibilidad de que ese experimento se esté planteando como una opción real, como una alternativa a las constantes quejas de atropellos a los ciudadanos que se han documentado en contra del Ejército y las diversas policías. Eso nos da un norte también con respecto a la desesperación de un Estado rebasado en sus aspiraciones y que se encuentra en un atolladero del que no puede salir de ninguna forma. Cuando la represión se recrudece e intensifica (y cuando se ignora el marco legal que justifica el contrato social) es porque el Estado se ha debilitado de manera grave.

2 comentarios:

Jolie dijo...

Nadie quiere que los “comités de limpieza”, que no son otra cosa que escuadrones de la muerte o brigadas blancas, anden sueltos por las calles del país. Pero también es un hecho que las corporaciones policiacas dejan mucho que desear con la corrupción (y la no acción) de sus directivos y elementos. Y al menos, en el corto plazo, los justicieros dan resultados. Por lo pronto, la popularidad del alcalde va en aumento.

Víctor Jurad dijo...

Pues si ellos o el hace su aparato de limpieza los otros harán lo propio pero con una escoba más grande. Una batalla sin fin saber cuanto costara; pero hay una esperanza el rector de la universidad en días pasados abre una posibilidad “refundar a esta republica” en ves de gastar en la propaganda de bicentenario y el centenario hay cosas más de fondo que hemos olvidado.