domingo, enero 04, 2009

La insoportable necedad de no estar de acuerdo


Este año regalé La insoportable levedad del ser, a una persona muy querida. Fue un regalo de Navidad de alguien que no hace regalos de Navidad. La novedad del regalo y el ojalá te guste y tal, duró hasta que el libro quedó olvidado en mi casa, por descuido. Como por descuido también lo volví a leer, quién le manda al regalado haberse quedado en mi casa, y redescubrí a un autor al cual muchos tratan de menospreciar y rebajar a niveles casi de lectura de supermercado. Yo recuerdo haber leído este libro en el último año de la preparatoria y a mí, lector ingenuo y maleducado (en la onda de la lectura), me voló la cabeza. Y me la volvió a volar ahora que, con unos años más encima, uno se puede identificar de manera más abierta con los personajes del libro. Me asustó parecerme tanto a Teresa, en este momento de mi vida. Alguna vez pretendí ser Tomás, pero se me dio nomás a medias. De Sabina, nada. Y de Franz, sólo la incertidumbre que es como marca de fábrica del propio personaje. Podrán decir lo que quieran de Kundera (ora resulta que hasta espía traidor fue), a mí, me sigue pareciendo un gran escritor. Unas perlas de relectura:
Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo?(p. 13)

Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer). (p. 21)

Aquel que quiere permanentemente "llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados. (p. 65)

Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida está aún en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos (tal como Tomás y Sabina se intercambiaron el motivo del sombrero hongo), pero cuando se encuentran y son ya mayores, sus composiciones musicales están ya más o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y en la de la otra. (p. 95)

Tenía unas ganas terribles de decirle, como la más trivial de las mujeres: "¡No me abandones, no dejes que me vaya, dómame, esclavízame, sé fuerte!". Pero eran palabras que no podía ni sabía pronunciar. Después de abrazarlo lo único que dijo fue: "Estoy tan contenta de estar contigo". Era lo más que podía decir una persona de un carácter tan reservado como el suyo. (p. 105)

La gente, en su mayoría, huye de sus penas hacia el futuro. Se imaginan, en el correr del tiempo, una línea más allá de la cual sus penas actuales dejarán de existir. Pero Teresa no ve ante sí rayas como ésas. Lo único que puede consolarla es mirar hacia atrás. (p. 173)

Entre los hombres que van tras muchas mujeres podemos distinguir fácilmente dos categorías. Unos buscan en todas las mujeres su propio sueño, subjetivo y siempre igual, sobre la mujer. Los segundos son impulsados por el deseo de apoderarse de la infinita variedad del mundo objetivo de la mujer. (p. 210)

La historia de amor empezó después: ella tuvo fiebre y él no pudo mandarla a su casa como a otras mujeres. Se arrodilló junto a su cama y se le ocurrió que alguien se la había enviado río abajo en un cesto. ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética. (p. 219)

Teresa había vuelto a dormirse pero él [Tomás] no podía conciliar el sueño. Se imaginaba su muerte. Está muerta y tiene pesadillas; pero como está muerta él no puede despertarla. Sí, eso es la muerte: Teresa duerme, tiene pesadillas, pero él no puede despertarla. (p. 240)

Si la excitación es el mecanismo mediante el cual se divierte nuestro Creador, el amor es, por el contrario, lo que nos pertenece sólo a nosotros y con lo que escapamos al Creador. El amor es nuestra libertad. El amor está al otro lado del "es muss sein!". [...] Y después piensa esto también: la única manera de salvar el amor de la estupidez del sexo hubiese sido la de ajustar de otro modo el reloj de nuestra cabeza y excitarnos viendo una golondrina. (p. 249)

El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir. (p. 311)

Daban pasos de baile al sonido del piano y el violín, y Teresa apoyaba la cabeza en su hombro. Así tenía la cabeza cuando iban en el avión que los llevaba a través de la niebla. Sentía ahora la misma extraña felicidad y la misma extraña tristeza que en aquella ocasión. Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza. (p. 327)
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, México, Tusquets, 2005.

3 comentarios:

Georgina Muñoz Martínez dijo...

Y cuando empecé a andar contigo me diste a leer el libro y dijiste que: "Ojalá yo fuera Sabina y no Teresa". Debí decirlo en el momento adecuado, ya no vale y lo sé, pero no tienes ni puta idea de lo que eso me dolió, ¿Tomás?

victor Jurado dijo...

perdon mi comentari esta en otro articulo lo pongo en esta, disculpe...


Una canción del interprete mexicano mas borracho de mexiquito es Don José José, creo es de Pérez botija, ¿saber?; siempre la escucho cuando te rasgas la vestiduras y dice “en amor acaba”. entiendo soy un lector de baja monta y este libro que comentas es de los cuales nuca e leído por motivos inexplicables pero tengo mi teoría te lo mandan a leer cuando eres pos adolescente y vieras yo no pude entender aquellos adolescentes que se destrozaban emocionalmente tras leer dicho texto como aquellos que leímos el Lobo Estepario, o los Bucoskis, que aborrecíamos al mundo, en vos de un mundo de auto destrucción. ya me torture demasiado para ello leo cosas menos caóticas cosas de señor selecciones o muy interesante, mecánica popular, hágalo usted mismo, etc.

Si creo que hay edad para unos textos hay otros ojos y la confusión si la hay es menos complicada,

Clau dijo...

Yo estoy de acuerdo, Milan Kundera es un hueso duro de roer, sus libros son como los cuadros de Sabina.
Creo que lo que más me ha impactado de la insoportable levedad del ser es la manera en que aborda la fisura de los significados en el lenguaje. La gran marcha, un cementerio, el mito de Edipo, el amor filial, la lealtad al sistema cada cual lo entiende a su manera, desde su lugar en el mundo; y resulta que el amor más que una cuestión de cuerpos es una cuestión sincronicidad de significados.
Ahora mismo pensaba en lo que te dice Georgina más arriba, no conozco su historia juntos, pero la imagino y pensando en Kundera me pregunto: ¿que pensabas tú cuando le regalaste el libro y dijiste lo dicho? ¿qué pensó ella? hubo sincronicidad o no.

Caray, debo decirlo, Milan kundera me parece un chingón. Ni que Habermas y la acción comunicativa, ni que Laclau y los significantes vacíos, ni que Lacan y lo real, nahh (jejeje perdón y me proyecte, espero no sea muy nerd mi comentario)