jueves, julio 31, 2008

Operación Bolívar


Édgar Clément publicaba sus historias en esa añeja aventura editorial llamada El Gallito Comics que Víctor del Real lanzó a principios de los noventa con una intención parecida a la de la argentina Fierro. En esas páginas fue donde se publicó por primera vez Operación Bolívar, una novela gráfica la mar de entretenida y con una serie de referentes culturales que se hace una lectura obligada en un país en donde la tradición historietística contemporánea se halla en un letargo muy cercano a la inexistencia.
           La trama se compone de las aventuras de Leónidas (Leonel) un cazador de ángeles, que descubre un complot para apoderarse del mercado continental de drogas. Una de las drogas más importantes es, precisamente, el polvo de ángel, que se consigue machacando los huesos de los angelitos capturados (muertos). En la operación se inmiscuyen arcángeles corruptos, policías judiciales, el ejército mexicano y el ejército gringo.
          Con un desarrollo estridente y que no deja de moverse hacia un desenlace un tanto desencantado, la historia hace eco de las inquietudes de una generación que vive (vivimos) la conciencia de una sociedad de la apariencia y de la simiulación, que no encuentra la manera de descubrirse dependientes, y menos tiene la capacidad de sacudirse esa dependencia.
           Con una calidad gráfica que en lo ecléctico tiene uno de sus aciertos, Operación Bolívar es una lectura atractiva, funciona de maravilla en la creación de nuevos lectores jóvenes, ya que la cercanía de los referentes cercanos al barrio, al centro histórico de la Ciudad de México, a la corrupción y las contradicciones identitarias, lo vuelven una expresión de algo que se conoce, pero que se puede mirar de otra manera. Muy recomendable.


Acá el prólogo del libro, escrito por Víctor del Real.

miércoles, julio 30, 2008

Protometapos... hueva


El hombre se ha vuelto perezoso. El hombre en términos de humanidad. Y la humanidad en términos de intelecto. Desde que se inventó esa cuestión mágica (aprovechable para eludir la necesidad de una comprensión extensa, compleja y unitaria) que es la posmodernidad, resulta que cualquiera se las puede dar de filósofo, intelectual o pensador profundo.
          Lo anterior viene a cuento por la encrucijada en la que me puso el justificar teóricamente algún concepto de mi renovada (y ahora sí...) nueva tesis de grado. Trato de encontrar la respuesta a la posibilidad de enfrentarse al estado de cosas desde el arte. Y el estado de cosas (que no sólo es material, pero que también es material) se mantiene gracias a las ideas y construcciones imaginarias que hacemos de éste. La ideología.
          Y mirando bien, nadie en los ámbitos de la teoría "posmodernista" se quiere aventar la tarea de explicar una cuestión tan importante para comprender el lugar que tenemos en el mundo y la forma en que nos relacionamos. En vano hurgué en esas cosas llamadas "estudios culturales", "estudios poscoloniales" (como si la real independencia se diera con el término de la sujeción política), "psicología de lo cotidiano", el "análisis del poscapitalismo" y tantas más. Me encontré textos que a lo más son descripciones densas de determinados fenómenos sociales, pero que no constituyen por sí mismos una teoría.
          Vivimos en la pereza de la fragmentación, la "especialización" y lo descriptivo. En la creencia de que el mundo es "tan complejo, tan diverso, tan grande" que no puede explicarse con una sola teoría y tiene que fragmentarse su intento de comprensión para hacerlo asequible a una masa que, enfrentémoslo, necesita cada vez más creer que ha comprendido algo. Por ahí queda algo de pasión y fuerza creativa en gente como Jürgen Habermas (señorón), pero la crisis de pensamiento es evidente.
          Ahora se analizan los objetos (Baudrillard), el consumo de esos objetos (Lipovetski), la forma en que se nos venden esos objetos (Sartori)... Nadie repara en las alternativas a esas descripciones desde el interior del propio sistema que los hace posibles (el capitalista, por si hay que acotarlo). De hecho pareciera que esa producción editorial está dirigida más a la venta de libros que a la posibilidad de generar sujetos (el que por su subjetividad puede elegir, pero también el que se encuentra atado [sujeto] al mundo en el que existe) que puedan comprender realmente su lugar en el mundo.
          Mejor echemos la hueva y aleguemos incapacidad de comprensión plena. Vámonos por partes. Si no hay futuro, para qué preocuparse. O si el futuro es tan brillante (no por elección es claro, sino porque el sistema así lo permite para ese sujeto, que sin lugar a dudas sigue Sujeto), para qué preocuparse.
          Al final, la respuesta la encontré en Marx. El señor con barbas que se parece a Santa Clós pero que no vende Coca Cola. Y en Gramsci. Y en Althusser. Que no se dejan leer tan fácilmente. Que se editan en papel revolución (por si habría que ser redundante). Que se pueden bajar de internet. Tal vez no estén de moda. Pero, al menos, trataban de dar respuestas. Y respuestas totales.
          En fin, como sujeto uno podría aprender de los clásicos "rebasados y anacrónicos". O seguir echando la hueva.

martes, julio 29, 2008

Suspensivos


Tres puntos
suspenso
silencio

tres latidos
corazón
abierto

un suspiro
tres segundos
delirio

ojos cerrados
recuerdo
saliva

escalofrío
tres dedos
abrazo

tres sueños
morir
despierto

[...]

lunes, julio 28, 2008

Mierda caliente o mierda fría...



En algún artículo de Charles Bukowski, éste afirmaba que las opciones que ofrecía el partido republicano con respecto al partido demócrata era, en la realidad, una nulidad de opciones. Escoger entre dos cuestiones corruptas implicaba, a decir de Bukowski, escoger entre mierda caliente o mierda fría.
         Una sensación parecida me despertó leer el artículo de Mario Vargas Llosa (que no es ni mi escritor, ni mi opinador favorito, pero que sin lugar a dudas, es) titulado "Para la historia de la infamia", en el cual desdobla la historia de Zoilamérica, la hija adoptiva del general José Daniel Ortega Saavedra, flamante presidente de Nicaragua (el segundo país más pobre de AL, sólo después de Haití), que acusa al hoy presidente de haber abusado de ella sexualmente durante más de 20 años. El acoso, narra Vargas Llosa, se inició desde que Zoila... tenía 11 años.
         La nota se deriva de que la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos acaba de dar entrada a la denuncia. La misma que fue rechazada por las instancias nicaragüenses. Y por la hipócrita política de la OEA, que afirma la imposibilidad de llevar a juicio a un presidente en funciones.
         La sensación a la que hago referencia en la cabeza de este post tiene que ver con las denuncias que se hacen de los gobiernos de derecha en una región en donde la lucha de la oposición izquierdista tiene un aura de pureza que, sin ayuda alguna, se están quitando con noticias como éstas. La opresión, venga del lugar o de la postura política que venga, finalmente es opresión. Y algo tendrá de similitud, en estos términos, el Chile de Pinochet y la Cuba de Castro. O la Argentina de los niños robados a los padres presos, y la Nicaragua de presidente pederasta. Lo dicho: ¿mierda caliente o mierda fría?

Acá el artículo de Vargas Llosa.

domingo, julio 27, 2008

Hay un hombre



Hay un hombre parado a mitad de la calle.
Lo veo por la ventana de mi cuarto.
La calle está desierta y el hombre permanece inmóvil.
Es de noche y el viento se acurruca en los quicios de las puertas.
A lo lejos una sirena policial descarga sus ráfagas de azul y rojo.
El hombre vuelve la vista y me clava su mirar perdido.
Las ojeras son cada vez más profundas.
Me mira fijo a los ojos.
Trato de mirar hacia otro lado, pero el cuello se me ha entumecido.
El hombre sacude la cabeza y sonríe amargamente.
Pasa su mano por el cabello despeinado.
-Deberías pasar menos tiempo frente al espejo- me dice.
Luego desaparece.
Al fin puedo bostezar.
Amanece.