miércoles, abril 08, 2026

Entra un gringo a un restaurante y pide unas monedas…

Crearán refugio para mujeres en situación de calle en Mérida
Mujer en situación de calle en Mérida. (Notirasa)

El otro día, mientras desayunábamos en un restaurante de San Ángel en la Ciudad de México, interrumpió nuestra charla la aparición de una persona en situación de calle que se acercó a pedir ayuda económica. Esta situación es algo más o menos común en todas las zonas de nuestra gran ciudad, pero este caso era singular en cierto sentido. El indigente en cuestión era un muchacho rubio, desgarbado y con el aspecto de quien ha sido asaltado por el síndrome de abstinencia con respecto a alguna sustancia adictiva. Solicitó la ayuda en inglés, aunque habló con lentitud, el hecho de que arrastrara las palabras mientras hacía su petición hizo difícil comprender lo que decía. No explicó su historia, no vendió el cuento de alguna desgracia, simplemente dijo: “¿podrían darme dinero?”. Una señora sentada en una mesa contigua fue la única que atendió el pedido de ayuda, quizás porque los meseros, alertados de la intrusión, acudieron a retirar del lugar al indigente.

Siempre me ha llamado la atención la existencia de estos personajes en casi cualquier lugar. Personas que se adivina que en algún momento de su vida tuvieron un mejor aspecto, una condición distinta, quizás, incluso, una gran riqueza. Se sabe por los vestigios de un buen corte de cabello, por la manera en cómo la piel ha envejecido de manera asimétrica, por vestir de manera tal que reflejan un gusto que a pesar de la adversidad no han perdido y porque muestran cierta actitud en donde la vergüenza se trasmina pero no los detiene, una actitud que mezcla la dignidad con la soberbia. Lo que me anima casi de inmediato a preguntarme qué historia hay detrás de estas personas; qué acontecimientos tuvieron que ocurrir para que terminara en esa situación; de qué tamaño es su desesperación ante los giros, seguramente terribles, del destino.

También me he dado cuenta de que las personas que ayudan, incluso yo mismo, lo hacen a veces con más facilidad con estas personas que con aquellas en las cuales es evidente los estragos de la vida en la calle. Hay una especie de identificación, de reconocimiento, de un pensamiento fugaz que murmura “podría ser yo”, que anima a depositar esa moneda en manos que no tienen las características de aquellas que han pasado la mayoría de su vida a la intemperie y en pleno rayo del sol. Quizás la identificación provenga de una especie de diagnóstico que apunte a que es más humano ayudar a alguien que no tiene las herramientas para sobrevivir en una jungla inclemente como lo es la calle de nuestras grandes ciudades, que a alguien que ha fincado su dominios sobre ese espacio y que sabe qué hacer para seguir con vida.

Esta cuestión de la empatía ha sido identificada por otros personajes que deambulan por la ciudad, que se acercan sobre todo a las cantinas que tienen mesas al aire libre, invocando quizás también la ayuda de los espíritus del vino para su misión. Estos personajes construyen historias que buscan despertar la piedad, la misericordia, pero sobre todo la identificación con aquel que escucha. Hay uno, por ejemplo, que siempre me cuenta la misma historia de una mala racha y que carga con él una serie de objetos inservibles (llaveros despostillados, plumas con impresiones de marcas comerciales, peluchitos revolcados y sucios) no pidiendo la limosna, sino solicitando se le compre alguno de los objetos que lleva consigo, y que nadie buscaría conservar. Es decir, alguien que busca vender su basura, pero quien ante la negativa y respaldado en su terrible historia de vida, ahora sí procede a solicitar la moneda que alivie un poco su desgracia. Lo hace en el peor momento posible y con un ánimo a todas luces chantajista: cuando uno está a punto de engullirse algo delicioso (comida o bebida) que no come todos los días y destinado a justificar que las fatigas y los trabajos de toda la semana valen darse ese pequeño lujo. ¿Con qué cara le niego una moneda al mendigo, cuando estoy a punto de zamparme algo que parece digno de emperador romano?

Hay otros que fingen solicitar trabajo, pero que huyen ante la mínima intención del interpelado por buscar alguna retribución por su ayuda. Los “Sí, patrón, ahorita regreso” son frecuentes y suelen culminar con el no retorno de estos personajes. Hasta días después que en el mismo lugar, buscan vender la misma historia. Eso sí, tienen una fe inquebrantable en que la insistencia, algún día, rendirá frutos. Estoy seguro que varios de ellos recuerdan completamente a los comensales que nunca les dan dinero, pero que esperan que algún día lo hagan. Insisten, insisten e insisten. Quizá en algún momento, funcione.

Detrás de todos estos están aquellas personas que realmente requieren esa moneda para comer o dar algo de comer a su familia, los que realizan trabajos relacionados con el reciclaje, que expropian el espacio público para volverlo estacionamiento particular, que consiguen la ayuda solicitada por su aspecto o por una especie de vibra violenta que no augura cosas buenas en caso de negativa. Ante estos contrastes evidentes, entre quienes buscan medrar al generar empatía y quienes saben que no conseguirán inspirar emociones positivas en sus interlocutores, me pregunto por qué muchas veces elegimos ayudar a los primeros y no a los segundos. Misterio.

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SACRIFÍCATE. MACARENA MUÑOZ RAMOS. Libro en papel. 9789200315688 U-Tópicas

Leí Sacrifícate (La Tinta del Silencio, 2025) de Macarena Muñoz Ramos (Ciudad de México, 1972), un volumen de cuentos en donde lo sobrenatural y fantástico atraviesa todos los textos. Es un conjunto que aborda la manera en cómo seres de la noche y de la oscuridad mezclan su existencia y sus deseos con los humanos. Los personajes son variados, aunque prevalecen los vampiros (una de las obsesiones de la autora) hay también hombres lobo, fantasmas, aparecidos, el mismísimo Diablo, ángeles condenados, actores de cine adictos, músicos de bandas góticas, nahuales y demás apariciones. Los escenarios también son variados: paisajes urbanos, casonas semiabandonadas, caminos lúgubres en medio del bosque, antros de mala muerte, la Inglaterra del siglo XIX, casas de citas… Aunque el tono se mantiene en la mayoría de los textos alrededor del registro del terror, hay también coqueteos con el noir que alude a las figuras estereotípicas del subgénero: el detective, la femme fatale, el millonario obseso, la dama sexualizada y en control, etc. Es un texto muy entretenido, con un muestrario de historias de diversa extensión y complejidad, cuya fortaleza recae sobre todo en su capacidad para crear atmósferas llenas de ominosidad, sospecha y tensión por lo ignorado más allá de lo que denominamos “realidad”. Mis textos favoritos fueron “El trato”, un cuento fáustico que ocurre en la ruralidad mexicana con temas como el tesoro oculto, los fuegos fatuos, los nahuales y, por supuesto, el trato con el demonio; y “Lo muerto, muerto está”, una recreación de la tarea creativa de Stephen King, donde se fabula alrededor de la inspiración que tuvo para escribir su relato corto “Pet Sematary” que trata sobre cómo los poderes ultraterrenos, acá encarnado en un ser fantástico, pueden ayudar a revertir la muerte. Un excelente libro para los fanáticos del género.

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Fue solo un accidente | Cinemateca

Vi Fue sólo un accidente (Jafar Panahi, 2025), una película iraní que pone en escena la historia de un modesto mecánico que cree reconocer en un providencial conductor varado en medio de la carretera a uno de los torturadores que lo mantuvieron cautivo durante algún tiempo. Sin embargo, ante la imposibilidad de confirmar por completo la identidad del mismo, la única pista que tiene es el sonido de una prótesis de pierna que el supuesto torturador genera al caminar, el protagonista acude con otros personajes que fueron víctimas de un proceso similar al suyo, en búsqueda de que alguno lo pueda reconocer totalmente y así, sin dudas, pueda hacer justicia. Es una cinta que plantea varias cuestiones: la posibilidad de obtención de justicia sin la certeza de cómo se debería valorar la misma; las diferentes actitudes de quienes han sufrido en carne propia la violencia del Estado o de alguna facción en las luchas políticas; la manera en cómo el pasado nunca se supera de manera total, siempre el trauma persiste. Plantea también cómo la percepción ética y de la dimensión del castigo suele ser distinta para quienes participan de procesos políticos en donde la polarización es, al parecer, la única forma de concebir los proyectos de nación o cultura. La escena final, que parece dejar en la incertidumbre el desenlace, alude más bien a que el espectador sabe qué pasará a continuación, basado en las experiencias históricas que se han repetido en múltiples países y conflictos del mundo. La cinta sirve también para cuestionar el estereotipo que se construye alrededor del imaginario que alude a sociedades distintas de Occidente y cuya comprensión creemos tener a partir de lo que los medios construyen. Interesante historia que se hizo acreedora a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. En México, se puede ver a través de Mubi. 

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