jueves, marzo 19, 2009

De cierto lo sé...


"Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (parte final)" del
CD Voz Viva de México editado por la UNAM


Hace diez años lloré. Uno de los llantos más sentidos que recuerde en mi vida. Un llanto que vino del alma y de la sorpresa. Es raro que uno recuerde sus lágrimas con tanta fidelidad, es necesario que el hecho sea lo suficientemente traumático para que esto ocurra. Y ese 19 de marzo en verdad que lo fue.
          Yo estaba en casa, echado en el incómodo sillón verde que durante mucho tiempo decoró mi departamentito de la calle de Murillo en Mixcoac. La huelga en la Universidad Nacional cumplía varias semanas y a mí no me quedaban más fuerzas que para ver televisión. Canal 22 a las seis de la tarde. La noticia me cimbró: Jaime Sabines había muerto. De cáncer. Seis días después habría cumplido 73 años.
          Mi memoria de Sabines se remite al pastito que rodea el Centro Cultural Universitario en Insurgentes 3000. Un día el poeta dio una lectura de sus poemas en la Sala Nezahualcóyotl. Llegué con media hora de anticipación, la entrada era libre y supuse que con eso podía asegurar un buen lugar dentro del recinto. Hubo unos más previsores que llegaron a las siete de la mañana (la lectura era a las 7 de la noche) y se apoderaron de las escaleras de la sala. Cuando llegué, los trabajadores de la Universidad (cuando me refiera a la UNAM, discúlpenme puristas pero siempre usaré mayúsculas) habían sacado sendos altavoces y se disponían a transmitir el audio a los ingenuos que quedamos afuera del recinto. Nos tendimos en el pastito del lado derecho de la Sala. Y escuchamos.
          La piel se me puso chinita más de una vez. Hormigas milimétricas recorrieron mi espina dorsal. Sabines es una de las causas por las que leo poesía. Definitivamente. Antes de ese día siempre quedaba callado cuando escuchaba las opiniones que algunos amigos hacían sobre su obra (que era un poeta mediocre, que no era tan bueno, que podían menciona cincuenta autores que valían la pena antes de hablar de él). Snobs. Después me convencí que la poesía de Sabines era poderosa. Podía conjurar a cientos de personas alrededor de unas bocinas de audio que solamente estaban ahí para recitar, al mismo tiempo que el autor, los poemas que se sabían de memoria. Era un rockstar de algo que en este país parece tan surrealista: la poesía. Si pocos leen el periódico, ¿quién se va a detener a leer "versitos"?
          Pues bien, hoy se cumplen 10 años (ventura para los amantes de las cifras redondas) de la muerte de Jaime Sabines. El que pedía una marca en la frente para diferenciar a los poetas de los mortales. El que fue ridiculizado por otro de mis máximos referentes vitales-literarios-artísticos, Jorge Ibargüengoitia, cuando en "La vela perpetua" menciona que "Salines" desde muy joven se sentía "Cristo Crucificado". Y no puedo evitar sentir un vacío que empieza en el estómago, sube al pecho y amenaza con terminar arribita de mis ojeras.
          La huelga en la Universidad terminó, la multitud se dispersó después de la lectura, el pastito se convirtió en nuevo concreto, yo pude, finalmente, titularme de la carrera de periodismo. Todo cambió, menos el hecho de que el poeta estaba muerto.
          Aquí, alguien, religiosamente, hojeará o recitara entre dientes alguno de sus poemas. Y, es seguro, no estará solo.

2 comentarios:

Jolie dijo...

y pensar que ahora recuerdo que como el decia.. uno puede llorar hasta con la palabra excusado.

Miriam Eme Eme dijo...

Sr. Maestro Saltamontes: me pasé por aquí para agradecerle su comentario en el Vida de Ratas de Ricki Espinoza, que tiene mucho valor ya que -por cierto- en México no debe haber persona que conozca Flema (salvo mis amigas de Kumbia Queers, que justo andan girando por su país).
Y de paso me agendé al tal Sabines, de quién yo tampoco tenía idea, para rastrearlo y seguramente leerlo.
Justamente porque tu crónica me pareció impecable: "Hace diez años lloré". Esos comienzos no hacen más que agarrarlo a uno de las narices.
Ya agendé tu blog y me pasaré con más tiempo.
Slds!
Qué estes bien!