sábado, abril 12, 2008

Intelectual (oide)


Los buenos Neónidas, dejan un post la mar de bueno en donde citan lo siguiente:


Adjunto los puntos de Martín Zariello para definir a un
Intelectualoide:

1- No hay nada más patético que ver en televisión una mesa redonda de intelectuales. Allí están con sus barbas, sus camisas y sus lapiceras elucubrando pensamientos abstractos, impracticables en la vida cotidiana y, lo que es peor, dejando que los señalen como “intelectuales”. Primera máxima: un intelectualoide es alguien que acepta que lo llamen “intelectual”. Siempre digo –no recuerdo a quien se lo copie- que no hay nada peor que alguien que se cree dentro de la literatura. También podría decir que no hay nada peor que alguien que se crea intelectual.

1.a. Para no entrar en ambigüedades definamos al intelectual como en el diccionario: “Dedicado preferentemente al cultivo de las letras y la ciencia”. Concentrémonos en esa definición: un ser que sabe de ciencias y de literatura. Un tipo inteligente: ni la arrogancia, ni la pirotecnia verbal, ni la intolerancia. Todos esos, veremos, son rasgos del intelectualoide.

2- El intelectualoide es una deformación del intelectual. Lo que define al intelectualoide es: su adoración a determinado autor, la repetición constante de frases de su admirado, la intolerancia, el agravio ante lo diferente y la mentira como estratagema para definirse como un ser superior.

3- Un intelectualoide critica sin saber. Para ganar una discusión, si es necesario, dirá que leyó a un autor del que ni siquiera sabe cómo se pronuncia el nombre. En realidad no importa que no sea discusión: en una charla cualquiera, en una conversación amena y calma, ante la pregunta “¿Lo leíste?” responderá que sí, que sí lo leyó e incluso elaborará una hipótesis en contra de lo que el otro le ha contado del libro. En cambio, un intelectual verdadero, siempre parecerá saber menos, estar desorientado. Mentirá diciendo que no leyó para empaparse con la lectura del otro. En realidad el intelectual se nutre con todo lo que recibe, es tal su entendimiento que sabe que nadie tiene razón, sino que con un poco de todo, recién ahí, se puede llegar a la verdad, que siempre es esquiva y borrosa.

4- El intelectualoide, en su carrera por aparentar ser intelectual, en su exageración desmedida (un intelectualoide es la hipérbole del intelectual) caminará la vida efectuando grandes sentencias, enormes dicotomías y reflexiones sin argumento.

5- El intelectualoide, famélico de alardear su falsa sabiduría, no podrá contenerse y ante el menor error de un pobre aprendiz irá con sus garras a destrozarlo arrojándole el diccionario, Borges, Cervantes y Bolaño por encima.

6- El intelectualoide no tendrá reparos en decirse “escritor”, “pensador”, “poeta”, “filósofo”, “ideólogo”, “autor”, etc.

7- No sé si han tenido la oportunidad de cruzarse con un verdadero entendido pero lo que me quedó a mí de los tipos inteligentes es que te pueden dar cátedra, explicarte algo o corregirte con: 1) gracia, 2) entusiasmo y 3) sin denigrarte por no haber leído a Sartre, Deleuze o Derrida. Un tipo inteligente jamás le dirá a alguien que no leyó a Borges: “¡Lee a Borges, pedazo de pelotudo!”. No, más bien le dirá: “Che, ¿vos leíste a Borges? Bueno, te lo recomiendo”. Un tipo inteligente sabe que la violencia verbal no lleva a nada y aparece justamente cuando el que la utiliza no puede sustentar sus argumentos. El intelectual siempre tendrá argumentos. El intelectualoide ante la requisa huirá despavorido o insultará.

8- En una nota aparecida en el suplemento cultural del diario Clarín (Ñ), Ricardo Piglia opina sobre diarios de Bioy Casares y dice lo siguiente: “(…) parecen las notas de un escritor amargado y rencoroso que habla mal de todo el mundo. La pretensión de ser malvado es uno de los grandes lugares comunes de la literatura (…)”. Creo que algo de eso también hay en los intelectualoides: la proyección que ellos mismo tienen de sí esta infinitamente alejada de la realidad. Se creen los malvados, los grandes parricidas... Alguna vez ellos también estuvieron en las sombras, leyendo a Isabel Allende. Olvidan cuando todavía no sabían, no estaban enterados. En algún momento empezaron, la utopía de alguien que desde los 5 años leyó a Borges es absurda. En conclusión: si sos tan inteligente, como dirían en el barrio, metete con alguien de tu tamaño, no con el menos informado, el menos leído. Un tipo inteligente, aun a riesgo de perder, va a buscarle pelea al más alto y musculoso porque sabe que si llega a ganar no habrá logro igual. Un cobarde, en cambio, se mete con el alfeñique de 30 kilos porque sabe que es imposible que el otro pierda. Estas dos, a su modo, ejemplifican las actitudes del intelectual y del intelectualoide respectivamente.



Si quieren leer el post completo, que es una toma de postura muy interesante vean acá.

1 comentario:

Alfredo Carrasco Teja dijo...

Para empezar, me atrevo a afirmar que todo aquel que lea un texto de este tipo se encuentra en uno de los dos bandos: el de los intelectuales o el de los intelectualoides. (Se sobrentiende que el primero es el “bueno”, mientras que el segundo es el “malo”.) Yo, por lo tanto, he de encontrarme en alguno de estos dos grupos. Según Martín Zariello, autor de estos “puntos para definir a un intelectualoide”, yo pertenezco al segundo grupo, puesto que le tengo una gran adoración a determinado autor (según se expresa en el punto 1.a). Y para que se entienda qué tan grande es este fervor, fue precisamente algo leído en el punto 8 lo que me motiva a escribir este comentario: el autor en cuestión (Bioy Casares) es denostado y ubicado en el grupo de los intelectualoides (sin que Zariello lo diga con todas sus letras, pero queda muy claro, pese a que se sirva de la cita de un tercero). Así que admirar a un autor que ni siquiera es intelectual, sino intelectualoide, me pone en el nivel más bajo del grupo de intelectualoides, ¿cierto?
Bien, pues va quedando claro que el objetivo de mi comentario es defender a Bioy. Así que podría empezar afirmando que nunca he leído a Piglia (el que critica a Bioy de primera voz y que es citado por Zariello…), pero mi honestidad me acercaría un poco hacia el grupo de los intelectuales, así que no lo diré (véase el punto 3). Diré, entonces, que he leído prácticamente toda lo obra de Bioy (típica afirmación de un intelectualoide), incluyendo sus diarios y sus memorias, lo que legitima mi arrogancia (otro matiz del género en cuestión, a la vez que pirotecnia verbal) al afirmar que Bioy Casares es todo menos un escritor amargado y rencoroso. Repito: todo menos un escritor amargado y rencoroso. ¿De dónde se habrá sacado eso Piglia? ¿Bioy un malvado o, peor aún, pretendidamente malvado? ¡Nada más lejano de la realidad! Al citar a Piglia, Zariello no sólo ratifica su opinión, sino que además le endilga (repito: sin atreverse a hacerlo frontalmente) la condición de intelectualoide (¡colmo de los colmos!), pero más adelante se traiciona a así mismo (y traiciona a Piglia de manera indirecta e inconsciente) al burlarse del intelectualoide que se cree malvado y gran parricida: Zariello, creyendo referirse a Bioy, se mofa (sin saberlo) de Piglia, que pretende, al criticar a Bioy (nada más y nada menos), ser un gran parricida (véase de nuevo el punto 8).
Por lo demás, me parece divertida la disertación de Zariello. Está bien que se le cite, pero le hacía falta una pequeña aclaración en este sentido.