jueves, junio 14, 2007

Decálogo para buscar a la mujer perfecta


Ruy Feben, de regreso en su nuevo blog, llega con este decálogo de lo que buscamos en una mujer. De pelos.

"[...] la sabiduría del universo (o tu puta terquedad) te está dando el chance de replantear las cosas. Vamos, anda, que no está tan mal: después de todo, vivimos en un mundo húmedo (75% agua), somos humedades con piernas y genitales, y quien no llora, se termina orinando. Así funciona. Entonces pongamos mejor manos a la obra. Estás expiando culpas, y se vale. Pero también hay que tener un panorama claro. Vamos, Feben, que es hora de mamar del cosmos y ponerse a bloguear como se debe; que es tiempo de ponerse a escribir y tomárselo en serio; que es tiempo de ver la vida hacia delante, chico, vamos, que es momento de que esta película de mierda empiece; que es momento de trazar entonces el cuadro de la mujer que quieres a tu lado. Vamos jugando a Borges, o, lo que es lo mismo, fill the blanks:

a) Quieres una mujer a la que francamente le importe un bledo el pasado. Tanto el tuyo como el de ella: exnovios, ennovias, frustraciones, traumas y miedos. Si, ya entrados en gastos, también puede ser propensa a la separación entre procesos psicológicos personales y procesos de crecimiento en una relación emocional, qué mejor. Si, de paso, entiende que, a veces, estar en una relación puede funcionar en términos terapéuticos, y está dispuesta a vivirlo así, es ganadora.

b) La quieres inteligente. De preferencia, más inteligente que tú, lo cual no es ningún récord. Si de una vez puede tener intereses intelectuales en los cuales tú seas un imbécil funcional, mejor. Es decir: si puede ser psicóloga (armada), internacionalista, politóloga, comunicóloga, o cualquier tipo de profesionista que tenga que ver con el desarrollo intelectual, si está interesada en el desarrollo social, sostenible y es, en ese sentido, medio hippie, tiene dos pulgares arriba. Y si, de paso, practica un arte, no hay nada más que pedirle.

c) Bueno, sí. Quieres que sea guapa. Es decir: no tiene que ser modelo, pero no estaría mal que fuera alguien que te provoque mirarla por horas sin cansancio. El tipo físico no importa: importa que el olor te cautive, que la mirada te pierda, que sus manos se sostengan solas, que cada gesto sea una sorpresa. Que se puede fundir contigo físicamente: que cada orgasmo sea un universo nuevo, e-léc-tri-co.

d) Que te haga enloquecer todos los días. Que te inspire a dejarle flores incógnitas. Que te provoque cenas con velas y también fiestas ruidosas y conversaciones interminables y silencios compartidos y tardes en el sofá indagando una serie repetida y disertaciones ridículas y resoluciones para quedar bien con ambas familias y enojos menores y soluciones enormes y una vida de diario.

e) Que a veces llore en algunas películas, que otras no entienda qué demonios pasa con sus hormonas, que sea capaz de conmoverse. Que se enoje sin razón algunas veces y que otras decida que no es necesario el fútbol para odiarte como hombre. Que el corazón se le cuele por cada poro.

f) Que sea determinada y sepa, por lo menos de lejos, qué quiere hacer de su vida. Que te sorprenda a veces regañándote por no haber limpiado tu auto o tu casa. Que otras deje tirados los calcetines en el pasillo. Que trabaje duro por eso que es importante para ella y que también se dé tiempo para descansar de pronto. Que te despierte por la mañana porque, de pronto, ha tenido la loca idea de ir a San Miguel de Allende. Que se atreva a locuras que a veces tú te callas por miedoso.

g) Que te admire y que la admires. Que de pronto aparezca su nombre en algún libro. Que tenga la capacidad de decirte que eso que acabas de escribir es una mierda, pero que, otras veces, sepa echar a andar un llanto callado por una poesía en espiral. Que esté ahí en los momentos grandes y en los turbulentos. Que te haga saber que te quiere cerca en esa presentación tan importante, o que te llamará en cuanto salga de esa entrevista para el trabajo que lleva tanto tiempo buscando.

h) Sobre todo, que te quiera. Y que tenga claro que quiere estar contigo. Que te mande mensajitos fortuitos en el celular, a deshoras. Que te llegue de sorpresa un día al trabajo, con un pastel que le hizo acordarse de ti. Que te llame en la madrugada y, a veces, se moleste un poco si no le has dicho que te irás con tus amigos. Que se deje secuestrar algunas noches. Que te abrace sin razón en público y en privado, que te haga cariñitos cuando no te lo esperas. Que te mire a los ojos y te permita perderte, que se pierda en tus manos y que decida, un día, por nada y todo esto, que, después de todo, sí puedes ser lo que llaman “el amor de su vida”."

Visiten al buen Feben que atiende aquí y aquí.

3 comentarios:

Guillermo Chávez Conejo dijo...

Hola, Adrián,

¿Me recuerdas? Dejé los blogs por mucho tiempo pero ahora estoy de vuelta y me enciontré con el tuyo. Ojalá puedas visitar el mío en cuanto tengas tiempo. ¿Sigues dando clases en la ibero?

Espero noticias tuyas.

Saludos

Liz dijo...

awww! me encantooo! :D

Liz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.