miércoles, octubre 11, 2006

Lucidez de un hijo de puta adorable



En junio de 2003 se llevó a cabo el Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos que la editorial Seix Barral promovió en Sevilla y que contó con la participación de lo que podría considerarse la nueva generación de escritores jóvenes latinoamericanos, y en el cual se presentó la postura de estos escritores con respecto a eso que se da en llamar “la literatura latonoamericana”. Ese encuentro trajo, creo yo, una ganancia y una pérdida. La ganancia fue que una serie de escritores se reconocieron como iguales dentro de una generación parricida que triunfaba en España; y la pérdida, que no es para nada proporcional con la ganancia, fue la muerte, apenas teminado el encuentro, del más lúcido de los ahí reunidos: Roberto Bolaño.
          Probablemente por la cercanía de la muerte, pero con más posibilidad por su postura de vida, fue que Bolaño emitió de forma políticamente incorrecta y con una lucidez envidiable muchos de los juicios que aquí pongo a su consideración. Son juicios de una hijoputez evidente, pero que dejan escapar un tufo a verdad que no pueden dejarnos más que pensando. Las ideas vertidas sobre los escritores latinoamericanos de su generación fueron extraídas de los textos “Sevilla me mata” (¡qué humor más negro quieren!) y de “Los mitos de Cthulhu”, que fue finalmente el texto que leyó en el Encuentro.

· ““De dónde viene la literatura latinoamericana”. Si me atengo fielmente al título, la respuesta no sobrepasará los tres minutos. Venimos de la clase media o de un poroletariado más o menos asentado o de familias de narcotraficantes de segunda línea que ya no desean más balazos sino respetabilidad. La palabra clave es respetabilidad. Ya lo escribió Pere Gimferrer: antaño los escritores provenían de la clase alta o de la aristocracia y al optar por la literatura optaban, al menos durante un tiempo que podía durar toda la vida o cuatro o cinco años, por el escándalo social, por la destrucción de los valores aprendidos, por la mofa y la crítica permanentes.”

· “¿De dónde viene la nueva literatura latinoamericana? La respuesta es sencilla. Viene del miedo. Viene del horrible (y en cierta forma bastante comprensible) miedo de trabajar en una oficina o vendiendo baratijas en el paseo Ahumada. Viene del deseo de respetabilidad, que sólo encubre al miedo. Podríamos parecer, para alguien no advertido, figurantes de una película de mafiosos neoyorquinos hablando a cada rato de respeto. Francamente, a primera vista componemos un grupo lamentable de treintañeros y cuarentañeros y uno que otro cincuentañero esperando a Godot, que en este caso es el Nobel, el Rulfo, el Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Rómulo Gallegos”.

· “El tesoro que nos dejaron nuestros padres o aquellos que creímos nuestros padres putativos es lamentable. En realidad somos como niños atrapados en la mansión de un pedófilo. Alguno de ustedes dirá que es mejor estar a merced de un pedófilo que a merced de un asesino. Sí, es mejor. Pero nuestros pedófilos son también asesinos”.

· “Latinoamérica fue el manicomio de Europa así como Estados Unidos fue su fábrica. La fábrica está ahora en poder de los capataces y locos huídos son su mano de obra”.

· “Si vas a decir lo que quieres, también vas a oir lo que no quieres”.

· “En realidad la literatura latinoamericana no es Borges, ni Macedonio Fernández ni Onetti, ni Bioy ni Cortázar ni Rulfo ni Revueltas ni siquiera el dueto de machos ancianos formados por García Márquez y Vargas Llosa. La literatura latinoamericana es Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ángeles Mastretta, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez, un tal Aguilar Camín o Comín y muchos otros nombres ilustres que en este momento no recuerdo”.

· “La obra de Reinaldo Arenas ya está perdida. La de Puig, la de Copi, la de Roberto Arlt. Ya nadie lee a Ibargüengoitia. Monterroso [...] no tardará en entrar de lleno a la mecánica del olvido. Ahora es la época del escritor funcionario, del escritor matón, del escritor que va al gimnasio, del escritor que cura sus males en Houston o en la Clínica Mayo de Nueva York”.

· “[Los escitores nuevos deben] Firmar libros, sonreír, viajar a lugares desconocidos, sonreír, hacer de payaso en los programas del corazón, sonreír mucho, sobre todo no morder la mano que les da de comer, asistir a ferias de libros y contestar de buen talante las preguntas más cretinas, sonreír en las peores situaciones, poner cara de inteligentes, controlar el crecimiento demográfico, dar siempre las gracias. No es de extrañar que de golpe se sientan cansados. [...] Pero los nuevos escritores tuvieron y algunos aún tienen (y Dios se los conserve por muchos años) padres que se agotaron y gastaron por un simple jornal de obrero y por lo tanto saben, los nuevos escritores, que hay cosas mucho más agotadoras que sonreír incesantemente y decirle sí al poder”.

· “Dios bendiga a los hijos tarados de García Márquez y a los hijos tarados de Octavio Paz, pues yo soy responsable de esos alumbramientos. Dios bendiga los campos de concentración para homosexuales de Fidel Castro y los veinte mil desaparecidos de Argentina y la jeta perpleja de Videla y la sonrisa de macho anciano de Perón que se proyecta en el cielo y a los asesinos de niños de Río de Janeiro y el castellano que utiliza Hugo Chávez, que huele a mierda y es mierda y que he creado yo”.

· “Todo es, a final de cuentas, folclore. Somos buenos para pelear y somos malos para la cama. ¿O tal vez era al revés, Maquieira? Ya no me acuerdo”.

· “Somos malos para la cama, somos malos para la intemperie, pero buenos para el ahorro. Todo lo guardamos. Como si supiéramos que el manicomio se va a quemar. Todo lo escondemos”.

· “Sólo nos interesa el éxito, el dinero, la respetabilidad. Somos la generación de la clase media”.

· “Si pudiéramos crucificar a Borges, lo crucificaríamos. Somos los asesinos tímidos, los asesinos prudentes. Creemos que nuestro cerebro es un mausoleo de mármol, cuando en realidad es una casa hecha con cartones, una chabola perdida entre un descampado y un crepúsculo interminable. (Quién dice, por otra parte, que no hayamos crucificado a Borges. Lo dice Borges, que murió en Ginebra)”.

· “¿Qué pueden hacer Sergio Pitol, Fernando Vallejo y Ricardo Piglia contra la avalancha de glamour? Poca cosa. Literatura.”

4 comentarios:

Neonidas dijo...

Genialísimo estimado Fabrica de Polvo, gracias por la recomendación de Palau... Sí, Bolaño es genial, hay una novelita en la biblioteca de la iberoamericana que se llama "De un fanático de Joyce a un discípulo de Morrison", en los últimos años he leído gran parte de la obra de Bolaño y ésta novelita es la que mas me ha gustado

Ruy Feben dijo...

Poca cosa: literatura. Me quito el sombrero. (Y admito que, después de volver a ponérmelo, corro espantado a esconderme atrás del sillón... en qué desmadre me he metido, además, sin mucha elegancia...).

Anónimo dijo...

Esos dos textos de Roberto son durísimos. No me imagino que habrá sido escucharlos, es decir, asumirse como un escritor joven y escucharlos. Y aún más, darse cuenta de que Roberto tenía razón, de que tiene razón.

Si Roberto fue un hijo de puta, lo fue con razón. Si fue un cínico, lo hizo porque ese y no otro era el camino.

No creo que sea coincidencia que los dos escribamos de Bolaño, coincidencia sería que no lo hicieramos.

Saludos

Anónimo dijo...

Onetti tiene un decálogo, así como Quiroga, donde aconseja no limitarse a leer los libros ya consagrados (dice que Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz y hoy son genios).

Aunque no creo en decálogos y además no soy escritora, últimamente pensé en esto porque Jorge Lafforgue defendió a Quiroga cuando los estudiosos lo consideraban un escritor menor y la semana pasada me encontré al mismo Lafforgue apostando por un escritor nuevo... y en mi cabecita empezaron a pasar cosas.

O sea que el tipo, con una trayectoria de medio siglo, no tiene miedo en decir lo que piensa y levanta a un escritor que hasta ahora solamente ha publicado un libro.

Yo me hice con el libro y lo leí porque si para Lafforgue es bueno debe ser bueno y pensé después de leerlos que sí, que es bueno, pero que no sé si yo sola me hubiese animado a decirlo sin la autoridad de un groso que me abra la puerta antes. Y esto me dejó pensando.

Lo que quiero decir es cómo yo que no tengo ningún prestigio para perder nunca me animé a levantar a alguien que nadie haya consagrado antes. Ya sé que no me puedo comparar con Lafforgue que soy una lectora casi del montón, pero justamente por eso ¡¡¡¿por qué tenerle miedo a equivocarse?!!!

Bueno... que por todo esto abrí un blog en http://misescritorespreferidos.blogspot.com con la idea de que la gente haga conocer a sus buenos escritores en las sombras, para que los compartamos y encontremos a los futuros Quirogas, Onettis, Cortázares y Borges por nosotros mismos. ¿Demasiado delirante? No será la primera vez que me lo dicen pero quiero hacerlo y creo que está bien que lo hagamos.

Ojalá visiten el blog y opinen algo al respecto. Gracias.

Lau.