martes, abril 28, 2009

La risa y la pobreza


Escuchaba por la mañana el diagnóstico de un "asesor financiero" acerca de las medidas que se deben de tomar en esta contingencia sanitaria mencionaba que en caso de que alguien resultara infectado el tratamiento para curarse costaría "sólo" 1600 pesos (un poco más de 100 dólares). Resulta tranquilizador para quien tiene acceso a esos 1600 varos, pero resulta que hay una gran cantidad de personas que no cuentan con ese consuelo.
          Habrá que ir pensando en algunas de las causas que hacen más grave la situación sanitaria actual, más allá de una falta de cultura de prevención, podemos hablar del nivel de pobreza que impacta en cuestiones básicas que podrían ayudar a un sistema inmunológico sometido a condiciones más que precarias: alimentación deficiente, nula actividad física, niveles de estrés alarmantes, poca confianza en las autoridades políticas y administrativas, contaminación ambiental altísima, desabasto de agua, violencia e inseguridad. La pobreza tendría que ser considerada como uno de los factores de riesgo más importantes en ese diagnóstico del cual no se ha querido hablar: la mayor cantidad de personas afectadas-infectadas-muertas seguramente serán pobres.
          Ya sé que el EZLN pasó de moda, que los pasamontañas ya no son cool (aunque serían una alternativa a los tapabocas), pero varias de las demandas expuestas en esos primeros días de 1994 hablaban de cómo la pobreza está asociada, de manera irrenunciable, a la cuestión de la salud y la enfermedad. Enfermedades curables que se supone ya deberían estar erradicadas por el sistema de salud siguen siendo causa de muerte.
La salud de los chiapanecos es un claro ejemplo de la huella capitalista: un millón y medio de personas no disponen de servicio médico alguno. Hay 0.2 consultorios por cada mil habitantes, cinco veces menos que el promedio nacional; hay 0.3 camas de hospital por cada mil chiapanecos, tres veces menos que en el resto de México; hay un quirófano por cada 100 mil habitantes, dos veces menos que en el país;hay 0.5 médicos y 0.4 enfermeras por cada mil personas, dos veces menos que el promedio nacional.
          Salud y alimentación van de la mano en la pobreza. El 54 por ciento de la población chiapaneca está desnutrida y en la región de los altos y la selva este porcentaje de hambre supera el 80 por ciento. El alimento promedio de un campesino es: café, pozol, tortilla y frijol.
          [...] En las mismas fechas, agencias gubernamentales daban a conocer datos escalofriantes: en Chiapas mueren cada año 14 mil 500 personas, es el más alto índice de mortalidad en el país. ¿Las causas? Enfermedades curables como: infecciones respiratorias, enteritis, parasitosis, amibiasis, paludismo, salmonelosis, escabiasis, dengue, tuberculosis pulmonar, oncocercosis, tracoma, tifo, cólera y sarampión. Las malas lenguas dicen que la cifra supera los 15 mil muertos al año, porque no se lleva el registro de las defunciones en las zonas marginadas, que son la mayoría del estado...
(De "Chiapas: el Sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía")
¿De verdad la cosa será distinta en las ciudades? La pobreza urbana se diferenciará, en términos de registro de defunciones y de calidad de los servicios de salud, de los que privan en las localidades rurales. Eduardo Galeano, ajá otro rojillo alarmista, afirma que, hacia 1997, los pobres de la ciudad de México representaban el 80% de la población total. En doce años, ¿se habrá modificado radicalmente la proporción? ¿O seguirá subsistiendo esa enorme distancia entre los que más tienen y los que menos? ¿Cómo van a lidiar éstos, más o menos, con la crisis de salud que, si hacemos caso a las señales, pinta muy mal?
La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. Ciudad de México, 1997, datos oficiales: ochenta por ciento de pobres, tres por ciento de ricos y, en el medio, los demás. Y la ciudad de México es la capital del país que más multimillonarios de fortuna súbita ha generado en el mundo de los años noventa: según los datos de las Naciones Unidas, un solo mexicano posee una riqueza equivalente a la que suman diecisiete millones de mexicanos pobres.

La pobreza mata. Y es mucho más efectiva que muchos de los virus que, natural o artificialmente, andan pululando por el mundo. Ante la pregunta de por qué en México se está dando el número de muertos más grande que en otros países, habrá que considerar que la pobreza es uno de los factores que lo impulsan. Pobreza, falta de cultura preventiva, sistema de salud sin medios eficaces, mentira política institucionalizada. Desconfianza. La pobreza mata.
La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la segunda guerra mundial, que a muchos mató. Pero, desde el punto de vista del poder, el exterminio no viene mal, al fin y al cabo, si en algo ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Los expertos denuncian los excedentes de población al sur del mundo, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento, día y noche: las mujeres siempre quieren y los hombres siempre pueden. ¿Excedentes de población en Brasil, donde hay diecisiete habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia, donde hay veintinueve? Holanda tiene cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todo. Haití y El Salvador son los países más superpoblados de las Américas, y están tan superpoblados como Alemania.
(De Patas arriba. La escuela del mundo al revés)
¿Veremos, algún día, después de que todo esto pase, las estadísticas cruzadas entre infectados-muertos y nivel socioeconómico? Ya desasidos de la angustia, la paranoia y con nuestra enorme capacidad de olvido, ¿tendremos algo que decir?

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Algunos alimentan la teoría de la conspiración: que si es una estrategia para implementar medidas antipopulares en medio de la crisis económica, que si para detener las quejas por el desempleo al "presidente del empleo", que si una medida para reforzar las pugnas electorales en tiempos de elecciones, que si una forma de desmovilización de situaciones potenciales de crisis social. Para ésos conspiracionistas, acá más material:

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En su excelente libro Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza, Carlos Monsiváis hace un recuento de los chistes que se generaron posterior a la tragedia de San Juanico. Plantea que dos semanas después de ésta, la andanada de chistes (¿Por qué pasaron de moda los chistes de San Juanico? Porque se quemaron muy rápido.) no se hizo esperar. En algún lugar de la red se habla de ese humor catártico que la presente contingencia ha generado (El origen de la gripe porcina está en un moco de Pancho Cachondo; ¿Qué le dijo México a la influenza?:Mira cómo tiemblooo; p. e. ) y de la rapidez con que estas manifestaciones se han dado.
Al contar el chiste, nadie se siente obligado a justificarse. Está claro: el choteo vale porque nos divierte, nos ampara la tradición del 2 de noviembre, o la existencia misma de San Juanico o, sobre todo, lo que sabe de su auditorio el portador de la estafeta de la burla memorizada. A los chistes de San Juanico los hace permisibles el éxito en cadena. El primero a quien se lo contaron los festejó, y de allí en adelante, la falta de resistencia social fue el gran aval humorístico.
(De "San Juanico: los hechos, las interpretaciones, las mitologías")
Al respecto, asombra la rapidez con que aparecieron manifestaciones como "La Cumbia de la influenza" (¡más rápido que la del Chupacabras!). A diferencia de San Juanico, que fue una tragedia de clase (la mayoría de la gente eran personas pobres que vivían alrededor de una planta de almacenamiento de combustible), la presente epidemia parece no tener esa marca. Insisto, hay que esperar las estadísticas de origen socioeconómico de las víctimas. Acá la cancioncita (se valen risitas nerviosas).


O ésta rola desmadroza de de los Atómicos: "La gripa del marrano"

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¿Cómo le han hecho los padres para explicarle a los niños lo que está pasando. Luis Pescetti (que canceló su presentación para el 30 de abril en el Auditorio Nacional de México) pone a trabajar a la literatura y a las Chicas Perla (Natacha y Pati) para dar algunos tips a los padres desorientados. Acá su manifiesto:
* Porque a veces hace falta cuidarse.
* Porque somos amigas.
* Para seguir jugando.
* Porque las personas no somos invulnerables (que quiere decir que nunca nunca te va a pasar nada como las estatuas pero ellas tampoco porque vienen las bonitas aves y les hacen encima y eso las daña irreparablemente).
* Porque no somos invulnerables, pero tampoco estamos condenados.
* Porque estamos aprendiendo a cuidarnos.
* Porque si vemos a alguien que no se cuida hay que decirle: “Nenito, ¿no ves que hasta las Chicas Perla nos cuidamos? ¿Tú te crees Súperman o qué?”
* Porque no hay que confundir la prevención con la enfermedad (que quiere decir que si se cerró la escuela, es por un tiempito nomás, y es para cuidarnos, no es porque tooooda la escuela está enferma).
* Porque tampoco hay que andar de chismosos, alarmando y asustando a los demás como unos taraditos, por ejemplo: ¡Ay! ¡Una señora me contó que una amiga le dijo que un tío oyó en el radio que parecía que habían dicho que no hay que acostarse en la misma cama dos veces porque contagia!
* Si uno no tiene información re-que-te-re-te-buena y científica: ¡mejor cállate, niño!
* Porque no hay que andar de calamitosos y dramatúrgicos, por ejemplo: “¡Chin, mano! Esto sólo nos pasa a nosotros”. “¡Ya se vio que estamos fregados!”. ¡NO NENITO! Estas cosas pasan, y ya, y no hay que andar señalando con el dedo porque igual y le pican con el ojo a otra persona y la uña es algo bien sucio si no se lavan las manos y le infectan el ojo a uno que ni nada que ver por andar buscando culpables como unos mensos.
* Para seguir siendo solidarios, y no andar de discriminativos. Por ejemplo: “Uy, esa chava viene de un pueblo que comen puerco, mejor no nos hagamos amigas, chicas!” ¡No, no se hace eso!

Así como hay medidas de higiene para las manos y el resto de los cuerpos, también hay que saber ser higiénicos con la mente y los cerebros, por ejemplo:
- No divulgar rumores que provoquen alarma, mejor buscar información correcta, antes.
- No echarse la culpa, ni acusarse.
- No discriminar.
- No hacer escándalo (preguntar bien la información y hacer caso a los cuidados, pero sin escándalo).
- No hacer chistes con que uno se siente un desgraciado por esto o por lo otro. No hay que hacer chistes irónicos si uno está asustado, es mejor decir “Oye, amigo, me da miedo… tal cosa” Eso es mejor que andar de chistosito. Uno puede expresar la tristeza o la preocupación, eso sí es sano, pero no con ironías, ni haciéndose el cínico, que es como-que-sí-como-que-no.

Firman: Natacha y Pati las genias de las Chicas Perla (únicas y adoradas)

5 comentarios:

victor jurado dijo...

Pues si los pobre. pero tu eres un valiente un tipo con fuerza yoga, tu todo chilango...
Se dice que los chilangos hasta antes de la influenza, eramos la raza mas chida del mundo que comíamos de todo y hasta éramos pilotos de pruebas de pomos y supositorios, estomago de lata y mamadas que se dicen por hay; somos una especie de mutante bajo el ozono y mierda volador eraramos súper. Por fin una piche gripa de marrano con todo y chicharrón nos esta tomando el pelo.

victor jurado dijo...

El piter, ya esta haciendo en serigrafia las camisetas del billete de BJuarez $$$$

victor jurado dijo...
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Jolie dijo...

me he topado con mucho humor a la mexicana y es curioso querer mantenerlo cuando pareciera que al mundo se lo está cargando el carajo.
Los humanos hemos viajado a la luna y al fondo del mar. Hemos construido ciudades, puentes, barcos, aviones, armas, castillos y pirámides...Hacemos poesía, pintamos, creamos y danzamos como si la vida fuera eterna

Y viene un microorganismo, incapaz de reproducirse por sí mismo y nos mata... Ah! La humildad de la naturaleza para recordarnos cuan frágiles y soberbios somos y tenemos tiempo para burlarnos

Georgina Muñoz Martínez dijo...

Tapabocas ahora, cubreojos después. Estamos a punto de perder todo contacto de nuestros sentidos con la realidad. ¿Y la conciencia?