viernes, marzo 14, 2008

No lo puedo evitar


La reciente ola de ataques que la Universidad Nacional Autónoma de México (la UNAM, mi alma máter) ha recibido en los últimos días por parte de diversos segmentos de la sociedad mexicana requiere un minuto de reflexión en esta humilde bitácora indisciplinada.
          Estudié en la Universidad Nacional desde el año 1994 hasta el 2001 (la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y los cursos de la Maestría en Estudios Latinoamericanos). A la UNAM le debo todo lo que soy como profesionista, como escritor, como pensador y como crítico de una sociedad que, no hay que ser muy inteligente para deducirlo, está siendo arrasado por las fuerzas del mercado y por la desinformación y fragmentación que los medios masivos se afanan en mostrar. También he trabajado en la UNAM, tanto atendiendo grupos en la carrera de Comunicación, como "cuidando una puerta por donde nadie pasaba", que es la definición, medio en serio, medio en broma, que Andrés Kozel hace de mi trabajo como vigilante de la Biblioteca Nacional que tiene su sede en esa institución. Amo a la universidad con la pasión de alguien que se sabe deudor de sus aulas, sus profesores, sus bibliotecas, sus estudiantes, sus centros culturales, sus librerías, sus teatros, su orquesta filarmónica, su feria del libro, entre muchos "sus".
          En los últimos días me ha tocado ser testigo de una satanización de la Universidad (ajá, con mayúscula) por el hecho de que varios de los acompañantes de "Raúl Reyes", el segundo al mando de las FARC colombianas, resultaron egresados o estudiantes de la máxima casa de estudios. También resultaron muertos o seriamente heridos. De este hecho se han desprendido las más encendidas diatribas interesadas (y estúpidas) por desprestigiar a la Universidad. Que si "la Universidad" es un nido de terroristas. Que si "la Universidad" mantiene oficinas de las FARC en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras. Que si el Estado tendría que mantener una institución en donde se realizan actividades al margen de la ley. Que si sus estudiantes no sirven para el estudio y se dedican a actividades guerrilleras. Que si cuando se les habla de empresa o mercado o negocio, no entienden nada de lo que se les dice. Que si...
          Cabría mirar con un poco de detenimiento la generalización tan bestia que se está haciendo y la manera tan ruin como se mancha el nombre de la Universidad. Alguien ha dicho que no se habla de la Universidad, sino de sus estudiantes. Y la generalización sigue siendo la misma.
          El hecho de que cinco estudiantes de la Universidad estuvieran por su propia decisión y siguiendo a su conciencia, ideas e intereses en la selva ecuatoriana, no califica a NADIE para hablar de la Universidad en generalización irreflexiva. Se condena la existencia de grupos de filiación de extrema izquierda (cualquier cosa que eso signifique; tal vez cabría el calificativo setentero de izquierda revolucionaria por el de izquierda reformista, pero es arena de otro costal), pero no se habla de la existencia, también, de grupos que apoyan causas relacionadas con la extrema derecha (con el Yunque, el Opus Dei, el grupo Provida). Los ataques se refieren sólo a los grupos que atentan contra el supuesto orden que debe prevalecer. O sea, el orden de las bocas calladas y las conciencias dormidas. El orden de la indiferencia ante el fraude de Calderón, de la lejanía del problema migratorio, de la inoperancia ante el crecimiento inhumano de la pobreza.
          Y es que la Universidad ha sido uno de los pocos lugares realmente democráticos en lo referido a la exposición de ideas. Cuando todos los canales de expresión parecen cerrarse, la Universidad siempre se ha mostrado como el espacio en el que TODAS las ideas pueden ser expresadas. Los epítetos que se han colgado de "revoltosos", "huevones", "burros", "porros", "antisociales", podrían calificar a algunos miembros de esa comunidad (y según la perspectiva de los calificadores), pero no se puede aplicar a todos los que de alguna manera formaron o seguimos formando parte de esta institución.
          Convendría que los acusadores de dedos flamígeros, al llamar "improductivos" a los egresados de la Universidad Nacional se pregunte quién está educando a sus hijos, quién les enseña filosofía o literatura o matemáticas, quién escribe en su periódico favorito, quién atiende sus casos en las oficinas gubernamentales, quién diseña las campañas publicitarias de sus amadas empresas, quiénes mantienen a flote la industria editorial, quién diseña, incluso, las campañas políticas de ése, su mero gallo. Seguro que se encontrará a un egresado de la Universidad, para bien o para mal.
          Yo me siento tremendamente ofendido cuando leo o escucho la manera tan fácil con que a muchos les da por rebuznar (pollinos perdonen, más aún los del Poli) tanta porquería de uno de los pocos orgullos de este país. A todos ellos, que la memoria (porque ni conciencia histórica se les puede pedir) les alcance para reflexionar en todo lo que han dicho.
          Goya.

3 comentarios:

Adriana Romero Nieto dijo...

Hola!!!
No soy egresada de la UNAM,es más soy de la Ibero (sí, tampoco nos gustan las generalizaciones, aunque en este sentido sean con las intenciones y apelativos contrarias).
Pero, mucha de la gente valiosa que conozco, que me he topado en el trabajo y mucha de mi familia, sí es de la UNAM. Por ello, también considero que es una de las pocas instituciones que genera pensamiento y que permite la expresión de éste.
Y desgraciadamente, la proliferación de escuelas privadas (a unas de las cuales, como ya dije, pertenecí) es un síntoma del desprestigio y del poco interés del Estado por dar apoyo a las Universidades y a la educación pública.
Pero, recordemos: "Por mi raza, hablará el espíritu."

Anónimo dijo...

Yo tampoco egresé de la UNAM y aunque me choca el "goyismo" y el "pumismo" acepto que por muchas cosas la UNAM es la máxima Casa de Estudios. Demeritar a la Universidad es demeritar a quienes nos han formado es, en el fondo, demeritar el espíritu. Gina

Mefisto dijo...

Me agradan tus puntos de vista y espero que mucha gente abra, ahora sí, los ojos ante la embestida sobre las universidades publicas de estos ultimos gobiernos. Claro que dan coraje ciertas opiniones de los merolicos de la TV y los mercenarios de la prensa escrita y la radio pero ante ello debemos esgrimir inteligentemente ideas y razones, que siempre han sido la fuerza generadora de dichas instituciones. Sólo para que quede claro: La UNAM es la máxima casa de estudios de Iberoamérica, así de contundente, y las personas hacen a las instituciones.