martes, septiembre 11, 2007

11 de septiembre



E SEPTIEMBRE

11 DE SEPTIEMBRE

De las antiguas cordilleras salieron los verdugos,
como huesos, como espinas americanas en el hirsuto lomo
de una genealogía de catástrofes: establecidos fueron,
conquistados en la miseria de nuestras poblaciones.
Cada día la sangre manchó sus alamares.
Desde las cordilleras como bestias huesudas
Fueron procreados por nuestra arcilla negra.
Aquéllos fueron los saurios tigres, los dinastas glaciales,
recién salidos de nuestras cavernas y nuestras derrotas.
Así desenterraron los maxilares de Gómez
bajo las carreteras manchadas por cincuenta años de nuestra sangre.

La bestia oscurecía las tierras con sus costillas
cuando después de las ejecuciones se torcía el bigote
junto al Embajador Norteamericano que le servía el té.

Los monstruos envilecieron, pero no fueron viles.
Ahora
en el rincón que la luz reservó a la pureza,
en la nevada patria blanca de Auracanía,
un traidor sonríe sobre un trono vacío.

Esto es lo que Pablo Neruda escribía para ilustrar la llegada de Gabriel González Videla al poder de Chile, uno de los tantos dictadores que ese país generoso en resistencia ha tenido. González Videla sería importantísimo en la vida de Neruda. Será el que, por ejemplo, lo obligue a exiliarse en 1948. Jaime Torres Bodet lo recibiría en México. País desde el cual comenzaría su peregrinar por varios países del mundo. Neruda habrá presagiado el terror que Chile viviría durante la presidencia de González Videla. El Partido Comunista, el mismo que lo había llevado al poder, terminaba siendo proscrito de la vida democrática de Chile.
        También será testigo de la única vez durante los años terribles de la Guerra Fría en que un partido proveniente de la izquierda, esa izquierda que los radicales insistían en llamar “reformista” en oposición a la “revolucionaria”, llegaba al poder. Porque en 1970, Pablo Neruda era nombrado candidato a la presidencia de Chile; Neruda renunció al honor y declinó a favor de su amigo Salvador Allende. Y Allende, con el apoyo de la Unión Popular, logró ganar la presidencia de su país.
        Una presidencia en la cual el apego de las clases populares se hacía cada vez más patente. Las diferencias se veían desde la campaña en la que enfrentaba a Jorge Alesandri, mientras éste lanzaba propaganda política en la que afirmaba que “Con Alessandri los niños pobres tendrán zapatos”; algún simpatizante de la Unión Popular garabateaba debajo de la propaganda: “Con Allende no habrá niños pobres”.
        La presidencia de Allende comenzó a ser saboteada por la derecha de su país y por los Estados Unidos de manera sistemática. Los apoyos se vieron cortados y la oligarquía chilena comenzó a manejar una estrategia de ataque frontal a la política nacionalista del presidente Allende. En términos económicos, ni siquiera la ayuda de Fidel Castro y el pueblo cubano fue cosa suficiente en una época en donde la idea sola de socialismo o comunismo ponía los pelos de punta al Imperio. Como hoy supuestamente se los pone el terrorismo. Los nombres han cambiado, pero no las estrategias.
        Justo después de las elecciones en ese 1970, la CIA invierte diez millones de dólares para hacer caer a Allende antes de la toma de posesión. Le ofrecen hacerlo al general René Schnider, jefe del ejército. El general se niega en un acto de patriotismo y es abatido a balazos en una emboscada. Allende queda desprotegido frente a un ejército que se pone a la venta al mejor postor. El Banco Mundial suspende los préstamos, los bancos privados hacen lo mismo, el precio del cobre se desploma, comienza la escasez impulsada por los dueños de los camiones y los comercios. Allende se tambalea.
        El 11 de septiembre de 1973, finalmente y después de tres agotadores y difíciles años, la presidencia de Allende llegaba a su fin. El ejército daba el golpe tan esperado por la burguesía. Los aviones con los que se bombardea la Casa de la Moneda son aviones norteamericanos piloteados por soldados chilenos. Allende está perdido pero renuncia a entregarse. Le encanta la vida. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir. Por la radio manda sus últimas palabras. Las ondas radioeléctricas llevan el mensaje hasta los últimos rincones del país.

Yo no voy a renunciar. Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza. Podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos...
Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.

Ocupa el poder político en Chile una Junta Militar de cuatro generales entrenados en la Escuela de las Américas de Panamá, la escuela del terror militar que los norteamericanos han inoculado, como mortífero virus, en el corazón mismo que Bolívar soñó alguna vez como posibilidad de capital de toda la América Latina unida. Al frente de todos ellos está Augusto Pinochet. El mismo que ordena la destrucción total de la casa de Neruda. La casa del poeta que, atacado mortalmente por el cáncer, agoniza en su casa. Doce días exactos después del golpe de Estado, Neruda muere en su casa. De su casa destruida parte hacia el cementerio su cortejo. Parecen oírse todavía los versos que concibió para ilustrar, en su Canto general, el año fatídico de 1949, pero que servían igual para ese 1973.

Así ha sido. La traición fue gobierno en Chile.
Un traidor ha dejado su nombre en nuestra historia.
Judas enarbolando dientes de calavera
vendió a mi hermano,
dio veneno a mi patria,
[...] demolió nuestra estrella,
escupió los colores de una bandera pura.

Después, la ignominia. El baño de sangre. El Plan Cóndor. Pero la historia no termina ahí. La historia de Neruda y Allende vuelve a tejerse en la historia de sus verdugos. González Videla se incorporará, como vicepresidente, al Consejo de Estado, un órgano consultivo creado por Augusto Pinochet, en 1976.
        El 11 de septiembre no sería una fecha más. Para los latinoamericanos, fue el día de la traición. El día en que la posibilidad de la esperanza quedó completamente anulada. La salida de Pinochet, casi dos décadas después, no dejó un mejor país; dejó sólo la resaca de una pesadilla colectiva.

6 comentarios:

David dijo...

Gracias por no dejarnos olvidar esta fecha, esos nombres, esas caras y esos poemas.

Gracias por hacer que su sacrificio no sea en vano.

Guillermo Chávez Conejo dijo...

Gran post, Adrián. Se agradece la explicación de hechos y la relación con la poesía nerudiana.

Mis palabras me delatan dijo...

La verdad siempre me emociona leer lo que escribes. Me da gusto tener una correspondencia contigo a través de la Web.

Mario Aburto es mi papá...



Naaaaa! También es choro.
Saludos

joel flores dijo...

morro, me quito el sombrero y le presto mi caballo, que buen post, que buen post...

Anónimo dijo...

Hermosura y tragédia entrelazadas, parece una cruel constante en la historia de América Latina, ensoñasión y traición modus vivendi de los pueblos latinoamericanos.

Corsario dijo...

Te invito a participar en el Blog Action Day, como estoy haciendo con todos los weblogs que leo.

Por favor lee http://corsarionegro.wordpress.com/2007/10/03/pagina-blog-action-day-2007/

Creo que es algo que podemos hacer por la tierra.

Saludos y gracias.

El Corsario Negro
La Calavera
http://corsarionegro.wordpress.com