Así como el famoso vallenato afirma: los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba, como yo creía, mi experiencia con la escritura para jóvenes va por una deriva parecida. Todo comenzó cuando la oportunidad para escribir un libro con el apoyo de la institución educativa en la cual laboro se tradujo en realidad: un año para realizar un proyecto que impactara en la población juvenil que atiende el sistema de preparatorias en donde soy docente tutor investigador (un título quizá rimbombante que describe lo que muchos profesores de nivel medio y medio superior hacemos, la mayor parte sin retribución económica: dar clases, brindar acompañamiento y contención a estudiantes, además de actualizarnos y estar en búsqueda constante de formas de mejorar la cátedra).
Así que después de mi experiencia como profesor en el nivel, que ya se remonta a la friolera de 25 años, y tomando en cuenta que las innovaciones tecnológicas y mediáticas han modificado los hábitos culturales, propuse la escritura de un libro para animar a las nuevas juventudes a acercarse a la lectura como acto de goce y placer (aunque algunos afirmen que sea un acto burgués, oiesamamada). Partí de una premisa fundamental: ¿qué es lo que a los chamacos de 15 a 18 años les interesaría leer? Y fui y les pregunté a mis estudiantes: ¿qué elementos debería de tener una historia para que te animes a leerla?
Fue una recolección de respuestas escalonada que comenzó en mi pequeño grupo de estudiantes de los cuales soy tutor académico (una docena apenas, los que atienden las actividades de tutoría). Después de platicar con ellos y hacer una serie de actividades e intercambios de ideas, diseñé un cuestionario que exploraba hábitos de consumo cultural y su relación con la lectura. Además de inquirir acerca de los temas, las características de las historias y la forma en la cual se sentirían “tentados” a leer un texto. Ese cuestionario se convirtió en una encuesta que se aplicó en diversos planteles del sistema en el cual laboro gracias a la participación y apoyo de los colegas de la Macroacademia de Lengua y Literatura.
Al final de la aplicación, se hizo el análisis estadístico y la configuración de los elementos que debería incluir un relato (debo acotar que el proyecto se pensó sólo para textos narrativos de ficción) para que resultara atractivo. Es decir, se construyó una serie de temáticas, elementos narrativos (personajes, trama, escenarios) y tratamientos que les parecían que podían convencerlos de acercarse a la lectura.
Los resultados para mí fueron sorprendentes. Hasta cierto punto tenía la intuición, rayana en la certeza, que los chicos se sentían atraídos por relatos que fueran cercanos a sus realidades socioeconómicas y familiares, es decir, al realismo de lo que se ve todos los días. Pero resultó que no, lo que más les atrae es la evasión. Y entonces recordé mi propia experiencia de lectura y debí aceptar que mi propia historia como lector refería a motivaciones parecidas.
De manera sintética: a los chavos y chavas les maman todas las cosas sobrenaturales (historias de fantasmas, aparecidos, demonios y demás), los relatos mitológicos (esto fue una sorpresa), el amor romántico (con alta incidencia femenina: enamoramientos, idealización, noviazgos, rupturas dolorosas), la vida en el futuro (la posibilidad de imaginar cómo seremos en siglos por venir), los mundos paralelos (afición a los multiversos que relaciono con el auge de las películas de superhéroes de los años recientes), los asesinos seriales (la idea de la maldad y la muerte), los mundos de los videojuegos (como afición y como existencia alternativa), la música (la manera en cómo se convierte en un espacio seguro para la mayoría).
En cuanto a diversos elementos a tomar en cuenta mencionan que lo más atractivo es “que pasen cosas todo el tiempo”, es decir, la noción de la aventura, del tempo acelerado, de la emoción constante; lo que probablemente tenga que ver con los usos y métodos de los medios audiovisuales. Que los personajes sean atractivos (aunque la definición de este término fue muy ambiguo). Que la historia genere miedo, que trate sobre cuestiones que podrían ocurrir en la vida real, que aborde la fantasía y elementos fuera de la realidad, que describa los sentimientos de las personas con trastornos mentales, que los personajes caigan bien, que la historia se desarrolle en lugares lejanos y que las tramas se ubiquen en la naturaleza.
En la reflexión final, que podían expresar de manera libre, algunas de las respuestas más interesantes fueron: “Yo creo que lo más importante es encontrar lecturas que de verdad te llamen la atención. A veces no leemos porque sentimos que todo es aburrido o muy difícil, pero cuando das con algo que te interesa, cambia totalmente. También sirve mucho ponerse un ratito al día para leer, aunque sea poco. Así se vuelve más llevadero y con el tiempo se puede volver un buen hábito”; “Sobre mis compañeros, hay quienes sí sabrán apreciar los libros, pero también hay jóvenes, y la generación actual en general, que prefiere cosas que no les dejarán nada valioso a futuro”; “Siento que todos los libros que he leído son gracias a que empaticé con un maestro y él conociendo mi personalidad un poco empezó a darme libros y los terminaba en tres días o cinco días, gracias a él empecé a leer más”; “Yo opino que deberíamos de hacer encuestas para saber qué libros quieren leer todos y leamos un libro que nos guste cada que terminemos otro”; “Leer no debería sentirse como una obligación, sino como una forma de descubrir, pensar y crecer, creo que los buenos hábitos de lectura no se construyen por presión, sino por conexión con los temas, con el momento, y con uno mismo, cuando dejamos de ver la lectura como una tarea y la empezamos a ver como una herramienta, todo se vuelve un placer”...
Total que a partir de eso, estoy embarcado (con toda la connotación que eso implica) en la escritura de diez cuentos que pretenden hacer caso de lo que los estudiantes dicen que quieren. Si funcionará o no, habrá que verlo (y medirlo) en el futuro. Por lo mientras, estoy descubriendo lo que es escribir algo que no hubiera elegido de manera consciente como tema/tratamiento/método de escritura, pero que me está dejando grandes aprendizajes. Hay que cuidar el nivel de lenguaje, el uso de modismos, las voces de los personajes, la verosimilitud (sin sacrificar la aventura), las referencias a las manifestaciones culturales contemporáneas, el riesgo de subestimar al lector objetivo, etc.
Para todo esto me están ayudando mucho una serie de materiales que refieren a la escritura de este abordaje de lo literario. El que más les puedo recomendar (porque me parece muy práctico y directo, además de que tiene una amplia gama de ejemplos) es el libro de Chiki Fabregat, Escribir infantil y juvenil (Páginas de Espuma, 2022). Total, que ya veremos en qué acaba todo esto que, les confieso, fácil-fácil no es.
Leí El latido de los días (Casa de las Américas, 2024) de Mario Carrasco Teja (Ciudad de México, 1972) que ganó en ese año de publicación el Premio Casa de las Américas dentro del rubro de Literatura para niños y jóvenes. Es una historia muy linda que cuenta la manera en cómo el niño protagonista, Benja, vive la hospitalización e intervención quirúrgica de su madre a causa de una dolencia de la cual deberá recuperarse. Es un texto ágil que juega con ideas como las relaciones familiares, la dinámica entre hermanos de distinta edad, la manera en cómo los familiares cercanos intervienen en los cuidados de los pequeños en situaciones como la descrita en la trama, además (y sobre todo) de la forma en cómo los niños perciben todas esas experiencias. Esa mirada inocente e imaginativa construye escenarios que insertan la sospecha de la intervención de la magia dentro de todo lo que pasa alrededor de los personajes. También hay perritos (en este caso perrititos chihuahua que fungen como guardianes de las misteriosas y maniáticas tías de Benja). La distribución es limitada al ser una publicación del órgano cultural del gobierno cubano, pero ojalá alguien se anime a realizar una reedición de este libro que sea más asequible para el público mexicano. El libro está ilustrado por Alfredo Carrasco Teja, hermano del autor, y un querido amigo mío.
Vi Affeksjonsverdi (Valor sentimental, 2025)del noruego Joachim Trier. La historia trata acerca de la relación complicada y distante entre un director de cine y sus dos hijas (una actriz, otra historiadora-ama de casa), de las cuales se distanció a partir de la separación de su esposa ocurrida décadas atrás. Tras la muerte de ésta, el director se aparece nuevamente en la vida de sus hijas para ofrecer el protagónico de una cinta que planea a su hija mayor, quien es actriz, siendo rechazado. Se escenifican en pantalla diversas temáticas: las consecuencias de la ausencia paterna, la construcción de la personalidad a partir de los vacíos emocionales, el papel del arte como causa de conflicto en las relaciones sentimentales, la importancia de las historias dinásticas (los traumas vienen de más atrás que los padres), la posibilidad del perdón, la necesidad de la terapia y la posibilidad de romper los ciclos. La cinta tiene diversas capas de interpretación y de representación de las historias de sus personajes. Incluso uno de ellos, una actriz hollywoodense, es retratada de manera respetuosa, sin hacer una caricatura o ejercer prejuicio sobre el origen de la misma, o las características de la industria de la que procede. Me pareció una excelente cinta, digna de ver más de una vez.



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