Fringe es una serie televisiva de ciencia ficción creada en los Estados Unidos por J. J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci. Se transmitió a través del canal Fox entre 2008 y 2013. Cuenta con cincuenta episodios repartidos a lo largo de cinco temporadas. A pesar de no ser una serie considerada dentro de los habituales tops de las mejores historias, tiene un conjunto consistente y apasionado de seguidores que la consideran una narración de culto. Me cuento entre ellos y por eso escribo estas líneas.
Después de su lanzamiento en DVD y Bluray, el serial estuvo disponible en la oferta de streaming de HBO, pero de manera repentina fue retirada del catálogo. La buena noticia es que las cinco temporadas han aparecido, sin mayor escándalo ni anuncio publicitario (como se lo merecería), en la oferta de contenidos de Amazon Prime. Así es, aficionados a las buenas historias de ciencia ficción: Fringe está disponible en Prime, así que les aconsejo que corran a verla antes de que vuelva a desaparecer en los márgenes de la oferta de entretenimiento.
La historia aborda las aventuras de la agente del FBI Olivia Dunham, quien es reclutada por la oficina de casos extraños del departamento de seguridad nacional, para investigar y resolver eventos que escapan de lo que se considera “normal”. Para tener éxito en la misión encomendada, debe apoyarse en el Dr. Walter Bishop, un genio a quien Einstein le viene guango, quien ha sido internado en un hospital psiquiátrico después de un accidente laboral en donde uno de sus colaboradores perdió la vida y quien vive en los márgenes de la realidad a causa de los fármacos que le suministraron en su internamiento y de la actividad de su cerebro hiperactivo. Para lograr la colaboración del genio, la agente Dunham debe reclutar al hijo de éste, otro genio que se dedica a la estafa y los crímenes más o menos menores, quien tiene una relación conflictiva con su padre debido a la manera en cómo éste se relacionó con su madre muerta y con él mismo.
Al tiempo que se desarrollan los casos que investigan (al estilo de X-Files), se va desvelando una cuestión que remite a una conspiración que las autoridades han denominado El Patrón, mismo que involucra el papel que tiene una corporación casi monopólica de los avances tecnológicos llamada Massive Dynamics, cuyo fundador y dueño fue compañero de investigaciones del doctor Bishop (y cuya aparición en pantalla es una de las grandes sorpresas de la serie, pero que no les voy a spoilear, bueno, mejor sí: está interpretado por Leonard Nimoy, el mismísimo Mr. Spock de Star Trek). Esto es, a grandes rasgos, la trama de toda la serie, pero lo que hay en medio, o en los márgenes (guiño, guiño) es mucho más que eso.
Una de las cosas interesantes a partir de las cuales se construye la trama es que es una real serie de ciencia ficción, es decir, que toma elementos de investigaciones científicas y tecnológicas de diversos campos para imaginar historias en donde estos fenómenos se manifiestan, si bien de manera hiperbólica, para ser explicados racionalmente. Acá no hay extraterrestres o seres paranormales a los cuales culpar de lo que ocurre, como en otras series que se deslizan más hacia la fantasía que hacia la ciencia ficción. Lo que hay es una construcción imaginaria a partir de elementos que están presentes en las inquietudes de conocimiento de lo humano.
Una de sus propuestas más interesantes, no es la primera, pero su planteamiento sí es original en la explicación de sus causas, es la existencia de un mundo paralelo (la idea del multiverso) en donde existen las mismas personas pero con matices que los diferencian de los que existen en “este” mundo. Un universo, además, donde los eventos históricos ocurren de manera similar (los ataques terroristas al WTC en New York, por ejemplo) pero con diferencias que son determinantes para el desarrollo posterior de la historia de ese universo (la idea del efecto mariposa), en una especie de ucronía paralela. Es una realidad tecnológicamente más avanzada, pero amenazada en sentidos parecidos por el narcisismo de sus líderes, o los deseos de venganza a partir de las desgracias personales.
Porque esa es una de las cualidades más valiosas del desarrollo de la serie: la manera en cómo se representan las emociones, comportamientos, vínculos, traumas, culpas, responsabilidades y consecuencias. Es una historia sobre la manera en cómo las decisiones que tomamos afectan no solamente la propia vida, sino también la de aquellos que comparten el entorno inmediato e, incluso, el mundo entero. La gestión del duelo y el dolor es uno de sus temas recurrentes. Es en esta serie en donde encontré una de las historias mejor escritas para la televisión que merece la vista de la serie completa: “White Tulip” (episodio 18 de la segunda temporada), donde el debate entre lo divino, lo humano y el papel de la ciencia en esa relación es de las más profundas que se pueden ver en la pantalla chica.
En fin, que, como se puede ver, soy un fan de esta historia. Y los fanáticos tienden a hacerse acríticos. Así que acá termino y sólo les dejo la recomendación: véanla para que platiquemos en plan ñoño.
Leí Katanazo al amor romántico (Planeta Cómic, 2023) de Raquel Riba Rossy, una novela gráfica que mi querida amiga Norma me regaló en mi pasado cumpleaños. En esta propuesta seguimos las aventuras de Lola Vendetta (un personaje recurrente y con una historia previa a la de este volumen contada en novelas anteriores), quien está experimentando el proceso de sobrellevar los efectos de un amor que no es lo más sano que debería ser. A partir de una encuesta hecha a sus seguidores en redes sociales (experimento que me parece la mar de interesante), la autora creó al personaje que funge como villano de la historia: un hombre hacia la última etapa de la juventud que se relaciona de diversas maneras violentas con Lola.
En el desarrollo de la historia la vemos enfrentar el ghosting, el mansplaining, el gaslighting y todas las situaciones que se han identificado como parte de las prácticas tóxicas del amor romántico. También vemos el miedo interno de la protagonista, el acompañamiento (lejano primero, después decisivo) de su grupo de amigos, el consuelo y apoyo emocional de su perro Pepito (me hice megafan del peludo), la relación complicada con una madre narcisista y despreocupada de los problemas de su hija, además de las elucubraciones acerca de la presencia de la muerte y de Dios (que aparecen como personajes).
La propuesta gráfica es muy interesante. No hay exceso explicativo de cajas de texto. Lo que se ve gráficamente refleja de manera inmejorable las sensaciones de agobio, tristeza, cansancio y dificultad de desasirse de la relación que la está destruyendo. En fin, que me pareció una historia bien llevada a cabo, que si bien aprovecha la presencia de los temas en la conversación contemporánea, lo hace de una manera que le será significativa a sus lectoras (que son el público objetivo de su libro), así como a quienes llegamos por alegres accidentes a éste (como yo mero).
En fin, nos seguimos leyendo luego.


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