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martes, julio 28, 2009

Sonrisas amargas


Evidentemente no es algo que disfrute. El escritor que hace su lectura, un escritor anónimo, nadie sabe quién es, más allá de la necesaria carga de histrionismo para hacer que funcione su texto, se puede ver el temor, la rabia, la pasión, la manera en que la palabra escrita-leída-transmitida, puede transformar los sonidos en un manifiesto rabioso.
          Quienes hemos estado en La Habana comprendemos los requiebres del lector, compartimos su estupor, su rabia, su impotencia. ¿Qué hacer ante la realidad que sacude de manera violenta cualquier intento de comprensión de la realidad que le ha tocado habitar? Uno escucha las risas de fondo y se da cuenta que son risas nerviosas, temerosas de que en el resto del público esté metido un informante, un policía, un "auténtico revolucionario".
          Y las verdades amargas sólo traen silencios con risas ahogadas. Silencios con pausas que no amedrentan al lector. Ése que no sabe en qué lugar del mundo estará mañana, pero vive en La Habana y es lo que le importa. En sí, no habla de la ciudad como habla del país entero, de la situación política y de la historia que pareció congelarse hace medio siglo en una hermosa utopía proyectada al futuro con un poco, o un mucho, de distorsión.
          Y hay quien dice que el compromiso político es cosa seria y solemne. A este tipo no le cae la definición, habla de lo más serio que se puede hablar en la isla (la propia realidad) y lo hace apelando al humor.
          Sin embargo, también es cierto que para el que dice verdades amargas, las risas y sonrisas sólo pueden ser de la misma naturaleza.

lunes, julio 20, 2009

Y no eres Kim Bassinger...


La prosa de Víctor Roura me parece una de las más divertidas que se hacen en el solemne y pretencioso medio literario mexicano. Ya he hablado aquí de dos de sus textos anteriores: Las bailarinas y La ira de Dios es mayor. Hoy toca su turno a una joyita perdida en los anales sin préstamo de la Biblioteca Francisco Xavier Clavijero de la U. Iberoamericana: Un látigo en mi alcoba.
          Y es que si tuviésemos que definir la narrativa que genera el también poeta, crítico de rock y periodista, llegaríamos a la conclusión de que es una prosa humorística con un mucho de absurdo. Dígalo si no las piezas de este libro en el cual se presentan situaciones como la de tener a Winnie Pooh de invitado en la casa, a la cual llega Christopher Robin a hacérsela de pedo; o el cuento donde una pareja se enamora de sendos Santa Closes en fiestas navideñas; o aquél, en el cual el Pico de Orizaba (la montaña) llega a nuestra puerta a pedir que, por favor, ya no lo anden escalando; o la inusual cita que concluye un día de San Antonio Abad llevando a bendecir a un burro; o la mujer de labios hambrientos. En fin, que es un volumen que deja buen sabor de boca por lo chispeante de su prosa y la calidez de sus textos.
          Se me queda un fragmento en la memoria de una resonancia ochentera deliciosa:
Le digo:
          -Te amo, Kim...
          Me detiene con su mano. Me mira, enojada.
          -No me llamo Kim -dice.
          Bajo mis ojos.
          -Yo tampoco soy Miki Rourke -aclaro.
          Ella suspira.
          Y nos amamos como si lo fuéramos. Con nombres ajenos.
["Encuentros, desencuentros"]
Víctor Roura, Un látigo en mi alcoba, México, Sentido Contrario, 1992.

jueves, julio 16, 2009

Juego de niños


El código Hayes de cine o el CCA en los cómics no lo hubieran permitido. Por eso en el mundo hay buenos y malos. Policías y ladrones. Soldados y guerrilleros. Espías y terroristas. Y el cine, los cómics o la literatura (visión ingenua) son reflejo de la vida. Entonces, uno de los involcrados en esa trama no puede hablarle al otro, por medio de un tercero, para decirle: "qué onda, hay muere, ¿no? Vamos a negociar. Esto está como que muy injusto". La cuestión es que la vida contemporánea nos ha enseñado varias cosas: una, que ya no se sabe quiénes son los buenos y quiénes son los malos; otra, que la vida real resulta más inverosímil que la ficción.

Según esto, un narco llamado Servando Gómez (a) La Tuta, supuesto capo del grupo de La Familia MIchoacana, llamó a un programa local de televisión michoacana CB TV para ofrecer/pedir una negociación con el gobierno de Felipe Calderón. En el mensaje afirma que no están contra el Estado, sino únicamente contra la PFP, la PGR y Genaro García Luna. Que al ejército lo respetan. Que al presidente lo respetan (y quieren "trabajar" con él). Que es necesario (véase hasta donde ha llegado la retórica politiquera) "generar un pacto nacional". "Estamos abiertos al diálogo", dicen que dijo el personaje en cuestión.
          Horas después salió el Secretario Gómez Mont a afirmar tajantemente que no se va a negociar con las organizaciones delictivas y que se preparen porque no habrá tregua. Y todas las cosas que ellos creen que nosotros les creemos.

Esta coyuntura nos deja con varias opciones de interpretación, de las cuales haré un pequeño ejercicio de ficción:
          1. El que habló realmente era el capo y lo hizo precisamente para pedir lo que pidió. Es decir, les están lloviendo los cocolazos rico y sabroso y lo único que quieren es que el gobierno le baje. Se sintoniza con el discurso político que impera hoy en día en el país y se muestra "dispuesto a negociar". Total, si los partidos políticos pueden, porque nosotros no, dicen que dirían.
          2. El gobierno le pidió al capo que hiciera esa llamada para que diera la impresión de que de verdad le están zumbando por todos lados. Acto seguido, el gobierno se retira de la entidad (en los medios queda la imagen del capo chillón y del gobierno incólume). La Familia recupera su territorio y todos felices.
          3. Los alcaldes de Michoacan y personajes sobresalientes de la vida política (léase el hermano incómodo [elegido para puesto de representación, por cierto]) le pidieron al capo que, por favorcito, les dijera a los medios que ellos no tenían ninguna relación. Que se viera cuate después de que le prestaban sus ranchos para guardar sus "cositas". Y el otro fue y lo hizo.
          4. Es un compló.

La cuestión es que todo el cuadro parece el de un juego de niños en el cual uno de los involucrados ha decidido que el otro no respeta las reglas. Y se queja. Y lo hace como si de verdad los demás no supiéramos lo que se ha construido en este país durante cien años de "gobiernos revolucionarios" y "gobiernos del cambio": una corrupción tan poderosa que traspasa todos los órdenes de la alta jerarquía. Las víctimas siempre serán gente de a pie. Cualquiera que sea la razón de la llamada, es claro que los únicos que salen perdiendo, son los ciudadanos. No creo que de verdad los narcos quieran negociar. Y tampoco creo que las autoridades estén ganando esa guerra atroz e injusta con los más desprotegidos. Al final resulta que todo es como un juego de niños: un enorme simulacro en el que todos fingen hacer lo que tienen que hacer.

martes, junio 23, 2009

Cadenas de impunidad



Este video es un ejercicio periodístico que practica la investigación genealógica como una posibilidad de intentar explicar la impunidad en México. Todo mundo conoce la tragedia ocurrida en días pasados en una guardería de Sonora en la que murió casi medio centenar de niños debido a la corrupción y a la falta de apego a normatividad de medidas de seguridad mínimas. El día de ayer se consignó a dos vigilantes encargados de abrir y cerrar la bodega aledaña a la guardería donde se originó el incendio. Nada de dueños irresponsables y que, seguramente, han puesto pies en polvorosa. Nada de cuates, familiares o compadres del gobernador de Sonora Eduardo Bours. Nada de altos funcionarios del IMSS o del gobierno del Estado. No. Los presos son dos vigilantes. Gente pobre que no tuvo ni siquiera los medios para pagar un abogado que les tramitara un amparo.
          En mi lejana infancia esta escena me pareció desgarradora:

Pepe,el Toro, se volvía casi loco cuando su pequeño moría a causa de un incendio en la vivienda que habitaba en esa vecindad de la Ciudad de México en los años cincuenta. Recuerdo que la escena, a los seis-siete años, era desgarradora. Después, lo esperpéntico de la trama de la trilogía de Ismael Rodríguez se volvería motivo de chacota para adolescentes que no se veían reflejados en esa educación sentimental dirigida a un público de otra época y sensibilidad.
          Sin embargo, a pesar de que tuvo que esperar, la justicia le llegó a Pepe, el Toro; lo que tuvo que ejercerla por mano propia. Pero eso era en los cincuenta. Hoy vivimos en un Estado de derecho. Se supone que la justicia es un derecho básico de la ciudadanía. Nadamás hay que oír a los candidatotes (es tiempo de elecciones) llenarse la boca de palabras que algún día significaron algo: justicia, igualdad, equidad. Uno piensa eso, mientras aparecen las imágenes desamparadas de los dos chivos expiatorios. Mientras toma conciencia de que la escena de Pepe, el Toro (Ismael Rodríguez, 1953), no volverá a ser lo mismo para algunos.

miércoles, junio 10, 2009

Alma Mater



Traigo el corazón henchido, enorme, gigantesco. Ni siquiera el campeonato obtenido hace algunas semanas por el equipo de futbol de la Universidad me dio tanto orgullo (es decir, me gustó que el Tuca Ferreti fuera campeón [es una referencia puma, sin lugar a dudas], pero el equipo y su juego me pareció rutinario desganado, en fin).
          La UNAM ganó el Premio Príncipe de Asturias. He declarado hasta el hartazgo el orgullo y al agradecimiento que le tengo a esta institución en donde estudié, trabajé como vigilante de la Biblioteca Nacional y como profesor de Ciencias Políticas. A la UNAM le debo mucho de lo que soy como persona, como profesionista, como ciudadano, como latinoamericano, como ser humano. No hay demasiadas instituciones que puedan generar ese tipo de orgullo en nuestro castigado Mexiquito. Así pues: ¡Goya, Goya! ¡Cachún, Cachún, Ra Ra! ¡Cachún, Cachún, Ra Ra! ¡Goya! ¡Universidad!
          La información completa acá.

miércoles, junio 03, 2009

Postales cubanas (3)


El mar de Cuba es un mar hermoso. Transparente. Casi casi como de película de Jacques Cousteau. Es decir como producto de efectos especiales y harta iluminación, más que como una maravilla de la naturaleza que nos estamos encargando consistentemente de destruir. Entre las transparencias del agua uno puede ver sin problemas a los peces que deambulan de un lado para otro. Y cuando digo que el mar es transparente, digo transparente en serio: uno se puede parar en lo alto de la muralla del Castillo del Morro, por decir algo, ver hacia abajo y verá no solamente el agua golpeando de manera consistente el muro de coral y cemento, sino que verá hacia abajo del agua como si de tal cosa se tratara. Como si con sólo estirar la mano se pudiese tocar el fondo lleno de peces multicolores, de corales distraídos, de cangrejos que huyen con una velocidad insospechada en su aparentemente inútil estructura.
          El mar es una de las cosas que más se disfrutan, aunque yo resulté alérgico al agua salada y me tuve que conformar con mirarlo. ¿Por qué por allá, me dijo una sirena hermosísima que sí se puso a competir con los peces, el mar se ve azul y más allá verde y más lejos azul oscuro? Misterio. Podría ser por el cielo. Podría ser por el fondo reflejado en la superficie. O una broma de nuestros ojos. No le pude explicar.
          Además de hermoso, el mar es proveedor. La gente pesca generosas langostas en sus aguas. De sabor exquisito, de precio prohibitivo debido a los altos aranceles que pagan los pocos locales privados de comida que existen.
          Sin embargo, algo que no podré olvidar del lugar en donde pasé una de las semanas más extrañas de mi vida es el mar. Confrontado con realidades apenas sospechadas, o dadas por ciertas y que no lo resultaron tanto. La brisa del mar saludaba cada tarde, cada crepúsculo, el pequeño balcón del cuarto. Ahí, deglutiendo (más que disfrutando, es una bebido demasiado estéril en términos de sabor) una cerveza Bucanero el viento paseaba ufano, no solamente entre los edificios semiderruidos y las lujosas residencias de las embajadas, sino también entre las miles de imágenes que me traje en la memoria.
          El mar está asociado al amor, sólo la "o" aparece intrusa en lo que sería un buen anagrama. No en balde aseguraba Jacinto Benavente: "Nada más parecido que el mar en calma y la sonrisa de una mujer. Dice el azul del mar: navega; y dice la sonrisa: ama; y no es más incierto el mar que la sonrisa". Uno puede tener las dos cosas alguna vez en la vida. O apenas sospecharlas.


(Nota: Se puede dar clic a las fotos para verlas más grandes.)

lunes, junio 01, 2009

Postales cubanas (1)


Los perros en Cuba son flacos, flacos, flacos. Se les ve por las calles, dentro de las casas, amarrados a los balcones y tienen una mirada triste. Como si quisieran juguetear pero no se atreviesen. En Viñales vimos a varios de ellos que viven prácticamente de lo que el turismo les agencia entre las sobras de la mesa. Disciplinados buscan cada uno su trinchera. Se deslizan furtivos entre las piernas de los comensales y esperan pacientemente que un pedazo de pan, carne o fruta se deslice hasta su hocico. Viven entre las patas de palo de la aldea taína de utilería. Deambulan calladamente. No creo haber oído ladrar a ningún perro en toda mi estancia. Como si una fuerza superior les prohibiera el exabrupto, el ruido, la exageración. En México, por ejemplo, los perros son como borrachos en Garibaldi: echan bronca por todo, ladran (gritan) a la menor provocación, enseñan los dientes, pelan los ojos; y, en el otro extremo, se alegran fervientemente, se lanzan al rostro del visitante, le mueven la cola, se le montan a la pierna en actitud fornicante a la menor provocación.
          Quiero creer que los perros cubanos hacen lo mismo. Sólo que necesitan entrar en confianza. Mientras, todos los que conocí o ví de reojo, me parecieron aburridos, tristes, como perros-ángeles de Wim Wenders, si es que algo así es concebible. Es imposible no darles algo. Frente a nosotros se sentó una turista norteamericana que llegó a la isla vía Cancún con alguien que parecía su marido (no se hablaban, se comunicaban como por telepatía rutinaria para pasarse la sal, el pan, parecían vivir una tregua de guerras personales dejadas allá, lejos, en el Imperio); decía, la turista vació el plato colectivo de comida (cerdo ahumado) con sus manos (unas manos blanquísimas-casi-transparentes con manchitas marrones y negras) que desaparecían periódicamente por debajo del mantel, mientras los demás comensales sentíamos el ir y venir de un perro justo debajo de nuestra mesa.
          Cuando uno se aleja del restaurante casi al aire libre, los perros siguen a los comensales hasta los autobuses de transporte turístico, se paran en un puente de madera que permite a los visitantes cruzar un pequeño arroyo y parecen agitar sus garritas en un gesto que figuran dibujar un "adiós" o un "hasta luego". No dura mucho. En cuanto otro autobús de turistas llega y sus ocupantes concurren a compartir los alimentos, los perros van tras ellos con paso cansino, como si supieran que esa rutina es su destino.
          Los gatos son, sin embargo, como en todos lados. Indiferentes, groseros y, casi casi, humanos. Nos encontramos uno en el Acuario Nacional de La Habana. No quiso posar para la foto. Apenas si nos miró y enfiló en sentido contrario, sin dignarse siquiera mirar hacia la cámara. Tragedia de turista no tener una buena foto de un gato habanero, que por lo demás parecía como un primo lejano de Suadero, su compinche mexicano que pernocta silenciosa y valemadrísticamente en mi casa. Iba como pensando que, por más que caminara, sus pasos siempre lo conducirían al mismo lugar, ese rincón habitable del Acuario del que probablemente no podría salir.

lunes, abril 13, 2009

Con (cierto) sabor a letras...

Estimados dos lectores, me permito invitarlos a este recital musical que gente muy bien dispuesta se ha propuesto dar para ayudar a la recaudación de fondos dirigidos al alumbramiento (penosísimo pero cierto) del segundo número de la revista Nostromo. La crisis nos ha mellado, pero esperamos vencerla a golpes de armonía, melodía y ritmo. Ojalá puedan acudir, los músicos son de primerísimo nivel.
          La cita es en el Foro Cultural Ana María Hernández, ubicado en la calle de Pacífico 181, en el Barrio de la Concepción en Coyoacán. Los boletos se pueden solicitar en revistanostromo@gmail.com o directo en taquillas el día del evento.

domingo, marzo 08, 2009

"Entonces lucharemos a la sombra..."

"La batalla de las Termópilas" de Mort Cinder de Oesterheld y Breccia

(H)ojeando la versión de la Batalla de las Termópilas de Frank Miller, no puedo dejar de pensar en que el conocimiento y la cultura pasa también por el filtro del prejuicio cuando de prestigio se trata. 300 es un buen cómic, duro, que se clava en la psicología de algunos personajes. Y sin embargo, cuando uno revisa "La Batalla de las Termópilas" escrita por Héctor Germán Oesterheld para su serie Mort Cinder, es inevitable no pasar por alto la capacidad que el argentino tenía para contar historias.
300 de Frank Miller y Lynn Varley

El estilo de dibujo de Breccia (padre) se presta a la perfección para la narrativa aventurera de HGO. El dibujo de Lynn Varley, sin embargo, se muestra disparejo a lo largo de la historia contada por Miller. Y no obstante, pocos conocemos la versión oesterheldiana de este acontecimiento narrado por Heródoto y llevado al cine como The 300 Spartans (Rudolph Maté, 1962); así es como la versión de Miller es ampliamente (re) conocida por la versión cinematográfica que hizo Zach Snyder en el 2006.
          El avasallamiento cultural norteamericano algo tendrá que ver. Así como todos damos por sentado que LA versión del cómic de Miller sobre los 300 espartanos es la mejor (o, peor, la única); así aceptamos que Truman Capote inauguró el género de la non fiction novel con In Cold Blood de 1966 (a pesar de que Rodolfo Walsh publicó Operación Masacre en 1957); también aceptamos que Will Eisner inauguró la historia de la novela gráfica con A Contract With God de 1978 (a pesar de que el propio Oesterheld publicó la primera parte de El eternauta en 1961 con un formato que tenía todas las características de la novela gráfica).
          Así, no es de extrañar que la mayoría de la gente (mexicanos incluidos) pongan cara de extrañamiento cuando alguien les informa que el invento cultural más influyente del siglo XX (la TV a color) es obra de un mexicano: Guillermo González Camarena.
          El colonialismo no funciona solamente en lo económico. Teje sus redes lenta pero consistentemente en las cabecitas de sus apresados.

miércoles, marzo 04, 2009

La shakirización de la música colombiana


Fanny Lú, "No te pido flores" de Lágrimas cálidas

Me encanta la música que hacen los colombianos. Diversos grupos y solistas están en lugares privilegiados de mi historia de vida y mi historia musical. Desde los Aterciopelados que en los 90 llegaron a México con su disco El dorado (un trabajo menor si consideramos que La pipa de la paz es su disco más sobresaliente en letras y música). Soy fan total de Carlos Vives y lo que ha hecho con la recuperación del vallenato como expresión de la música campirana de su país; creo firmemente que El rock de mi pueblo es uno de los mejores discos en español que se han grabado en los últimos 20 años. Por los 90's algo me sonó de Ekhymosis, la primera banda del hoy Juanes. De éste, creo que Mi sangre es un trabajo que logra sintetizar muchas de las obsesiones del rockero al recuperar sonidos de la tradición musical colombiana y el rock. Los que vinieron después, como una continuación de éstos, hablo de Fonseca (p. e.) y de Cabas, les encontré menos originalidad, pero la sinceridad de sus primeras propuestas me parecieron dignas de ser tomadas en cuenta.
          Uno de mis descubrimientos recientes fue Fanny Lú, una cantante cuya más precisa descripción me la ha dado mi amigo M. Aranguren cuando afirmó: "pero hermano, es que ésa es toda una hembra que, además, canta". Pues que un amigo me pasó su primer disco, Lágrimas cálidas, y quedé prendado. Música colombiana sin pretensiones, sonando a sonido popular, a rumba con aguardiente, a autobús cargado de gente. A café de Juan Valdés, para terminar pronto.
          Fue por eso que cuando me enteré que tenía un nuevo disco, titulado Dos, lo conseguí. Y me llevé una tremenda desilusión. En este disco se había perdido todo lo que el trabajo anterior recogía. Era una copia malhadad de Shakira. Que por cierto no me gusta para nada. Porque representa la transformación radical de una tradición musical riquísima en paquetitos de imagen, ritmos de discoteca y glamour tercermundista. Pero, parece que la necesidad de triunfar en los ámbitos en que la chaparrita transnacional lo ha hecho permitió que la propuesta primera de Fanny Lú: fresca, original, bailable a morir; se convirtiera en una serie de beats ultra pop que, con mucha seguridad, pasarán al olvido (o, en paradójico resultado globalizado, será todo un trancazo).
          La shakirización de la música popular masiva colombiana es un fenómeno que está tocando a diversos cantantes de ese país. Ya el último disco de Juanes mostró un vuelco hacia un sonido masivo, empaquetable, digerible en extremo. Vendible, pues. Carlos Vives saca disco nuevo este año y, por la insistencia en el dueto con Shakira, es probable que el trabajo tenga algunas variables en ese sentido. Qué nos queda.
          Yo, mientras, me pongo ansioso por poder encontrar este documental sobre Totó La Momposina.


Trailer de La colombiana, documental sobre Totó La Momposina

miércoles, marzo 07, 2007

Repensar América Latina


Estoy tratando de reescribir mi tesis de maestría. La nueva visión que adquirí y los bríos para retormar este proyecto trunco tiene que ver con una plática que el Dr. Ignacio Sosa tuvo con los integrantes del colectivo Nostromo el sábado anterior. La plática giró alrededor de la historia que permitió que los Estudios Latinoamericanos se convirtieran en lo que son. Observar el proceso histórico de esta rama del conocimiento; asociado con la necesidad de establecer algunos parámetros en lo que se refiere a describir de manera densa eso que se denomina "identidad latinoamericana".
          La plática fue muy fructífera. Pero hubo algunas cuestiones que sobresalieron entre mis intereses sobre todos los demás, a saber: la idea de que la integración de México al TLC implicó, en términos simbólicos, la integración simbólica de México a una aspiración identitaria con Canadá y los EU, más que con los países de América Latina. Más allá de las implicaciones económicas, el TLC supuso el abandono del horizonte de destino que durante el siglo XX había hermanado a los países de América Latina.
          La similitud de procesos históricos, la emergencia de los movimientos guerrilleros, la intervención norteamericana en la región y la unión (intelectual y de identificación política) con el proceso de la primera Revolución Cubana, son procesos que se dejan de lado y pasan a segundo plano ante la necesidad de encontrar el lugar que la globalización pretende dentro del proceso de norteamericanización (descrita largamente por Frederick Jameson).
          Otra de las cosas mencionadas tiene que ver con la imposibilidad de pensar los problemas latinoamericanos desde la situación de la propia región. Es decir, los elementos teóricos y el horizonte explicativo parte de modelos pensados para explicar, en extenso, la situación de diversos países con situaciones sociales, políticas y culturales esencialmente distintas. ¿Qué mérito tiene pensar la posmodernidad latinoamericana a partir de Perry Anderson (Reino Unido), Gilles Lipovetski (Francia), Jean Francois Lyotard (ibid.), o Jürgen Habermas (Alemania)? ¿Seguir adaptando las estructuras teòricas y explicativas a estos problemas locales a partir de un horizonte ajeno?
          Una de las reflexiones que Sosa dejó en el aire fue la idea de que en ese proceso de abandono del vínculo latinoamericano (por eso cuestiones como el bolivarianismo de Hugo Chávez, el indigenismo de Evo Morales, la revisión de la dictadura de Kirchner y la asumida dirigencia de Lula nos parecen cuestiones exóticas o ajenas; tal vez hemos dejado de escuchar lo que hace exclusiva y particular a nuestra región en un afán integracionista en donde las condiciones son evidentemente desiguales e injustas), fue la pregunta acerca de ¿quién se cree eso de que realmente somos parecidos (o iguales) a los Estados Unidos/Canadá?
          Después de pensar un momento llegué a la conclusión de que muchos escritores de esta nuestra latinoamérica se lo han creído y que más allá de la exploración de las problemáticas de la región (y no estoy a favor de un realismo socialista, que no se confunda), se alude a un universalismo en el cual las élites se sienten a gustísimo, pero en donde el grueso de una población empobrecida no se ve reflejada. Es un problemade educación, cierto. Es un problema de identidad, más cierto aún. Son las exigencias del mercado, a huevo. Pero luego la pregunta surge chingativa: ¿acaso Roberto Bolaño o Fernando Vallejo (por hablar de dos contemporáneos a los que considero excelentes escritores) tuvieron que renunciar a hablar de América Latina para hacer buena literatura? ¿tengo que poner nombres extranjeros y escenarios europeos o norteamericanos para que mi literatura tenga valor (inclusive comercial)?
          Creo que al final no se trata de la reivindicación del realismo mágico o de seguir pensando en una América Latina esencialmente rural (que lo es y no, contradicciones que sobreviven sin pugna), se trata de pensar si argumentos como "lo importante de la narrativa es la trama, sin importar el escenario en el que transcurra" o "estamos en la ambición del cronotopo cero (sic)", pueden ser válidos en una región en crisis (eterna crisis), cuyas contradicciones sociales no encuentran eco en las preocupaciones de sus artistas. Artistas en los que el tratamiento de temas regionalistas los convierte supuestamente en demagogos (más por incapacidad que por verdadera "conciencia social": el argumento es que el arte y la lucha política no se llevan); pero que en la renuncia a repensar de manera creativa las posibilidades narrativas de esta región llegan a un elitismo digno de mejores causas.
          Pareciera que la esperanza está en los "subgéneros" (recontrasic) como la novela policiaca (BEF, Juan Hernández Luna, Taibo II) o la ciencia ficción. De la misma manera en que América Latina se diluye como escenario de la narrativa "seria", los elementos de identificación se van haciendo cada vez más difusos.