¿Dónde quedó la vocación social de los intelectuales? ¿el sentido común de los gobernantes? ¿la idea de nación? ¿Dónde la inteligencia de los asesores? ¿la memoria histórica? ¿dónde la crítica? ¿los periodistas que hace preguntas cuyas respuestas ignoran?
¿Dónde las películas que te rompen los huevos por dejarte gimiendo en el piso y no porque te dormiste esperando el conflicto? ¿los amigos que te buscan para chelear y vivir al mismo tiempo? ¿las mujeres que no te piden amanecer en un lecho que, como órgano trasplantado, te rechaza? ¿las que beben en silencio y fornican a todo volumen? ¿las que piden permiso para entrar al abaño? ¿las que no piden permiso para hurgar en tu cuerpo?
¿Dónde los güeyes dispuestos a romperse la madre nadamás porque otro lo vio feo? ¿o porque le gustó su morra? ¿dónde los envases de cerveza con el pico cortado y a punto de entrar en el estómago de cualquier hijo de puta?
¿Dónde los lavaderos de azotea en los que se coge con las vecinas olvidadas? ¿los clósets que esperan a que el marido se vaya para abrirse? ¿los sillones chafas que se rompen con los vaivenes del sexo descarnado? ¿la arena que se te mete en el culo cuando decides tirártela (o) a la orilla de la playa? ¿el semen embarrado en las paredes de los portones de los novios quinceañeros? ¿la puñeta que alivia sin pedir nada a cambio?
¿A dónde fueron las ganas de comerse al mundo? ¿De matar a ese güey que te purga? ¿de cogerte a las niñas ricas de universidad nais nomás por pura justicia social? ¿de aplicarle la hurracarrana a la muerte? ¿dónde? ¿dónde? ¿dónde?
Quizá, con el tiempo, uno pierde más que cabellos, amigos y dos o tres apuestas. Quizá, pero sólo quizá, vivir signifique aprender a soportar la propia cobardía.
¿Dónde las películas que te rompen los huevos por dejarte gimiendo en el piso y no porque te dormiste esperando el conflicto? ¿los amigos que te buscan para chelear y vivir al mismo tiempo? ¿las mujeres que no te piden amanecer en un lecho que, como órgano trasplantado, te rechaza? ¿las que beben en silencio y fornican a todo volumen? ¿las que piden permiso para entrar al abaño? ¿las que no piden permiso para hurgar en tu cuerpo?
¿Dónde los güeyes dispuestos a romperse la madre nadamás porque otro lo vio feo? ¿o porque le gustó su morra? ¿dónde los envases de cerveza con el pico cortado y a punto de entrar en el estómago de cualquier hijo de puta?
¿Dónde los lavaderos de azotea en los que se coge con las vecinas olvidadas? ¿los clósets que esperan a que el marido se vaya para abrirse? ¿los sillones chafas que se rompen con los vaivenes del sexo descarnado? ¿la arena que se te mete en el culo cuando decides tirártela (o) a la orilla de la playa? ¿el semen embarrado en las paredes de los portones de los novios quinceañeros? ¿la puñeta que alivia sin pedir nada a cambio?
¿A dónde fueron las ganas de comerse al mundo? ¿De matar a ese güey que te purga? ¿de cogerte a las niñas ricas de universidad nais nomás por pura justicia social? ¿de aplicarle la hurracarrana a la muerte? ¿dónde? ¿dónde? ¿dónde?
Quizá, con el tiempo, uno pierde más que cabellos, amigos y dos o tres apuestas. Quizá, pero sólo quizá, vivir signifique aprender a soportar la propia cobardía.