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jueves, febrero 01, 2007

Crónica de los últimos días

El pintor -sentado entre el Utopista y Brumell- respondió: No es que te contradiga, pero la instalación es pasajera; sólo nos representa en la medida en que desconfía del futuro -le dio el último concienzudo trago a su vaso de bourbon-. Una vez que pase de moda la subvención pública para los artistas jóvenes, el fin del género habrá llegado: no hay instalacionistas sin becas.
Álvaro Enrigue, La muerte de un instalador


Una frase quedó flotando en el aire después de haber asistido al Encuentro de Jóvenes Creadores del FONCA: ¿cómo se determina el espacio en el que termina el snobismo y comienza la búsqueda auténtica? Todo lo anterior, se entiende, en el terreno de lo artístico. Porque más allá de las sesiones por disciplina (cuento en mi caso) que fueron, al menos para mí, extremadamente provechosas; las sesiones que llaman “plenarias” o “multidisciplinarias” y que tienen por fin dar a conocer el trabajo que se realiza en las demás disciplinas dejo un tufo sospechoso de incomprensión mutua.
          Al final parecía que eran pocas las propuestas que eran comprensibles para el grueso de los asistentes. Yo no soy alguien que me considere esencialmente inculto o abiertamente estúpido, pero hubo varias exposiciones de proyectos que me dejaron con una sensación de haber sido vergonzosamente timado. Será que no comprendo la vanguardia, esa etiqueta que la modernidad fundó para calificar los movimientos innovadores que a principios del siglo XX (y en extenso, en la historia de la humanidad) han expropiado para sí la idea del tiempo nuevo. La posibilidad de comprensión de lo contemporáneo y su arribo a una sociedad de la retórica en la que es más importante la interpretación (que en términos posmodernos puede ser “personal”, “intimista” y “única”; sin que se reflexione en lo absurda que pueda resultar para el resto de los mortales).
          El último jucio expresado en estas líneas tiene que ver con la evidencia de escuchar (o tratar de escuchar las más de las veces) los proyectos con un sustento teórico (sic) que daba sentido a una obra que, en el mejor de los casos, era impresionista (en términos de solamente quedarse con una impresión dada la “vulgaridad”, “lo inédito” o “lo extraordinario” de la idea; más que llenar de referentes y significado eso que se planteaba).
          Así que pasé el fin de semana entre hoyitos en la pared de los que sale aire y cuya “interactividad” consiste en tapar el agujerito; bufandas monocromáticas kilométricas (las esdrújulas son a propósito); celulares disfrazados de jabones; bombas auditivas; películas porno solarizadas en un movie maker cualquiera; proyectos arquitectónicos inentendibles (por lo mal expuestos); proyectos arquitectónicos inviables (por la magnitud de sus aspiraciones); etcétera.
          Lo que llamó mi atención (y aquí apunto que mis apreciaciones se pueden deber a mi incapacidad de entender un arte que no tenga al menos un significado que gravite alrededor la obra, aunque no sea de la obra) es que de las propuestas presentadas, las únicas claras y sin lugar a equívocos (en la mayoría de los casos) fueron las obras literarias. Cuento, novela, ensayo, poesía; demostraron que en la brevedad de sus exposiciones radica la profundidad de lo que pretenden tratar. No digo que al final se consiga, pero apunto que hay al menos una intención de dirigir la obra por caminos en los que se haga comprensible para alguien más aparte del autor.
          Todo esto está en consonancia, por ejemplo, con el debate que se lleva a cabo en Teoría del caos, donde alguien citado por René planteó que los videojuegos podrían en determinado momento sustituir a la literatura. Lo cual implica que las visiones, que en lo posmoderno (o eso que dicen que es lo posmoderno) se diversifican al infinito, no tocan solamente las fibras de lo artístico sino de la vida cotidiana y del entretenimiento. A todo esto, pienso plantear un proyecto de arte alternativo para el próximo año: llenar trescientos frascos de moscas muertas y disecadas (si es que eso se puede) y fotografiarme diariamente con todas esas moscas sobre mi cabeza (lo que representaría la metáfora de que el cerebro está en proceso de descomposición, cuya marca más visible es, precisamente, la incomprensión de la llamada vanguardia [o al menos, una parte de ella]); el acto final sería un (a) performance en donde ingiero los tres frascos de moscas como si fueran Zucaritas: en platos rebosantes de leche y con granola. Después me meto a un sanitario y en el retrete dejo la opinión sobre mi propia obra. Espero patrocinadores.


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sábado, enero 27, 2007

Segunda Jornada

El día de ayer fue agotador. Terminé echado (así, como vaca babosa) a las diez de la noche sin disfrutar de los paraísos alcohólicos que San Luis ofrece al mundo. Hemos revisado al menos un texto de cada uno de los escritores de la disciplina de cuento. Las observaciones han sido amables, algunas fuertes, pero amables; el tutor se ha mostrado abierto a reconocer cuestiones valiosas en los textos y ha dirigido las sesiones de manera bastante ordenada. Hoy nos espera una sesión un tanto más pesada. Tenemos que revisar doce textos en tres sesiones de dos horas cada uno.
          Algunos de los asistentes ya muestran su cansancio, unos por las jornadas de trabajo y otros porque la fiesta les ha tocado en dosis más concentradas y prolongadas. Yo me descubro con una actitud un tanto indiferente a esas cuestiones. Es probable que a pesar de que el encuentro es de "jóvenes" en realidad me esté poniendo un tanto viejo. En el camino al encuentro terminé de leer el libro del que ahora es mi tutor en este proyecto y me pareció una muy buena historia. Desarrolla de manera densa el papel de la religión en una sociedad conservadora como la de San Luis. El pretexto es la biogradía de la madre Conchita. Sí, aquella que junto con el padre Agustín Pro, han sido consagrados como mártires católicos, e incluso beatificados. En fin, eso amerita otro post.
         Me voy, que ya se me hizo tarde. Again.

viernes, enero 26, 2007

Crónica de los primeros días

Ayer comenzó el Primer Encuentro de Jóvenes Creadores 2006-2007 en la Ciudad de San Luis Potosí, Encuentro en el que asisto como integrante de la pléyade de nuevos talentos artísticos que le darán vida a la anquilosada vida cultural mexicana. (¡Ah, verdad! Ya quiten esa cara de "y ahora este mamón qué pedo", conseguí su atención y era lo único que me interesaba). Comienzo mi crónica diciendo que el viajecito fue pesado: seis horas en un camión de segunda disfrazado de primera (y que me hizo lanzar una mentada de madre cuando vi el slogan de la empresa: "La línea más cómoda de México", la concha e sú...).
          Nos presentaron a nuestro tutor (David Ojeda), un potosino cuya primera actividad curricular fue introducirnos en las delicias del mezcal de la región en una cantina de ésas tradicionales que cada vez están teniendo más adeptos. Mezcal apurado con prisa, pero que resbaló como por su casa hasta el fonde del estómago.
          Después vino una plática por parte del tutor acerca de la literatura, del papel del autor, de las características del cuento, en fin, de cosas que, a pesar de que se cree saberlas desde siempre, nunca está de más que alguien te las recuerde con tanta pasión y claridad.
          David Ojeda es una persona amable. Hasta ahora se ha mostrado como un escritor que toma en cuenta cosas que se alejan de la visión de un burócrata cultural (que no lo es) y lo acercan más a un ser humano sensible y atento con sus pupilos. Hoy comienza la revisión densa de los textos, a ver qué es lo que pasa.
          Por la tarde casi noche nos dirigimos a lo que se llaman "sesiones plenarias" en los que cada uno de los becarios tienen que exponer la naturaleza de sus proyectos. Me extenderé más en un post que estoy pensandop para describirle la de joyitas que se dejan apreciar (oración mitad irónica, mitad en serio).
Por la noche unos rones en la cantina de Don Pedro con la Banda Cuisillos y Ana Gabriel a todo volumen. Y a dormir.
           Está a punto de empezar la segunda jornada. Seguiremos informando.