lunes, diciembre 24, 2012

Minificciones de vacaciones viajeras



Turismo
Así que esto es, en realidad, la Tierra ―dijo el misterioso viajero. Se encogió de hombros. Al pasar por un contenedor de basura arrojó la Guía de los diez planetas que debes visitar antes de morir. Se supo estafado.


Sonría, por favor
El peor viaje de su vida inició con su maleta perdida en el aeropuerto. Los días siguientes  fueron llamar a la aerolínea y castigar el hígado.
            Semanas después un mensajero apareció en su puerta. Traía la maleta. En uno de los costados habían colocado una calcomanía: “No sabes la cantidad de lugares que recorrí para encontrarte”. Al lado de esto: una carita amarilla sonriéndole.
            El fuego consumió con más velocidad de lo deseado la maleta. Maldurmió al pensar en la gran vida que ésta se había dado a sus expensas.


Sitios ordinarios
El lugar era horrible. No me explicaba la fascinación por el tour. Es la tercera vez que lo tomamos, me dijo una pareja. Hice una mueca de fastidio. Comenzó la exposición del guía. Contó la supuesta historia del sitio. Éste se transformó ante mis ojos. Las palabras lustraban las piedras ruinosas, iluminaban los techos carcomidos. Nunca experimenté cosa parecida. Se hizo el silencio, el lugar recuperó su aspecto ordinario. Comprendí que todos venían a escuchar al guía. Mañana será una historia diferente, dijo alguien. Compré boletos para toda la semana.


Riesgo de contagio
Regresó de un paseo por el último paraíso virtual que había liberado su código. En el entorno digital se relacionó con una hermosa asiática, en tránsito por el mismo sitio. Mientras esperaba que el antivirus hiciera su trabajo, pensó en la posibilidad de haber sido contagiado. No puede ser tan grave, pensó, estas cosas ocurren. Eran los riesgos de conectarse a la red. En la sala de conexión, el aspecto de su brazo gangrenado era terrible. 

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