sábado, agosto 27, 2011

Bici que anda para atrás


Compró una bicicleta que andaba para atrás.  Cuando la vio en la tienda, nada auguraba su singular defecto. No había forma de hacerla andar en la dirección adecuada. Esto es, hacia adelante. Pensó que era alguna cuestión mecánica. Un engrane o una estrella mal acomodada. Con paciencia de relojero desarmó la bicicleta y la volvió a armar; siguió todas las instrucciones pertinentes. Pidió consejos incluso a uno de los especialistas de bicicletas más capaces del barrio. Todo parecía normal, todas las piezas encajaban de la misma forma que las de otras miles de bicicletas que circulaban a diario. Pensó en acudir a la tienda y pedir explicaciones acerca de porqué le habían vendido una bicicleta que andaba hacia atrás. Se detuvo, sin embargo, al reparar en todas las pruebas que debía presentar para acreditar lo dicho. Y faltaba que, a razón de su mala suerte comprobada, en el momento en que quisiera echarla a andar, la bicicleta anduviera bien, como si nada, como cualquier otra bicicleta. Había tenido o atestiguado experiencias bochornosas como ésa. Había protagonizado un evento similar quiso devolver un DVD que anunciaba en la portada el clásico Ladri di biciclette del gran De Sica, pero cuando lo reproducía en su aparato mostraba siempre una película distinta. Cuando acudió a la tienda a reclamar el hecho, en la pantalla de pruebas del establecimiento aparecieron las imágenes iconos del neorrealismo italiano. Por eso se empeñó en “arreglar” el desperfecto por sí mismo. Se dio por vencido con el paso del tiempo y entonces emprendió una nueva tarea: aprender a manejar su bicicleta que andaba para atrás. En un principio tuvo las mismas dificultades que se presentaban a cualquier niño que comenzaba a sostenerse sobre una bicicleta. Se cayó, se provocó raspones, estuvo a punto de claudicar. Pero, con base en su necedad y en su deseo de hacer que la bici le prestara los servicios para los que la había comprado, finalmente la dominó. Aprendió a andar en una bicicleta que se desplaza hacia atrás. Al principio resultó una cosa extraordinaria en su barrio. La gente se asomaba a la calle todas las mañanas, cuando él salía para ir a trabajar. Adaptó unos espejos al vehículo que le permitían moverse con agilidad y rapidez inusitada por las calles de la ciudad. En determinado momento, incluso se pusieron mesas de café y sillas en las banquetas de las calles cercanas a su casa. Se podía ver a infinidad de personas admirando lo que consideraban una extravagancia: alguien que prefería hacer que el mundo se moviera al revés. Después, esa euforia fue desapareciendo. Se concibió como cosa normal ver al hombre que se dirigía al trabajo montando una bicicleta fuera de lo común. Sólo aquellos que no lo conocían mostraban cierto asombro. Asombro que algunas veces se tornaba en incomodidad, sobre todo a la hora de caminar a su lado, acostumbrándose a no esperar que el hombre que acompañaban tropezara de manera repentina y cayera al suelo. Producto de su reciente manía inexplicable de caminar de espaldas.

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