viernes, abril 01, 2011

Diálogos

 
(Imagen de Pamela Zubillaga)

—Siempre quieres tener la razón, ése es el problema…
            —Para ti siempre es un problema, con lo acomplejada que eres.
            —No soy acomplejada, soy precavida. El mundo no está como para andarse revelando a la primera oportunidad.
            —Miedosa, eso es lo que eres. Si yo tuviera las oportunidades que tú tienes no me lo pensaría dos veces. Y aparte, mojigata. Mensa.
            —Oye, ya párale, ¿no? Uno decide lo que es y lo que hace. Aparte no tendría ni siquiera porqué estarte escuchando. Suficientes consejos tengo que oír de los demás para que aparte tú también pretendas sermonearme.
            —Es que, ¡mírate por Dios! Pareces una vaca echada. No pones ni tantito cuidado en tu arreglo. ¿A poco vas a salir así a la calle? ¿No te da vergüenza?
            —Vergüenza es robar…
            —Pero a ti no se te acercan ni para eso. De veras que no entiendes. Desde tu último fracaso sentimental estás en un plan que nadie te aguanta.
            —No me recuerdes eso. Eres una cabrona. Sabes cuánto me costó… me cuesta…
            —Perdóname. No era mi intención. Pero ya va siendo hora de que lo superes. De que te des cuenta de que el mundo es enorme y lleno de oportunidades. Y que muchas de esas oportunidades te están esperando. Nomás quieren que digas "sí".
            —Ay, párale. Pareces programa matutino de la radio. O libro de superación personal. "El mundo es tuyo, tómalo". Puras mamadas.
            —Cuando digo “mundo” me refiero a la cantidad de hombres que están allá fuera. Todos cachondos y con ganas de zamparse un atascón contigo. Pero tú insistiendo con encontrar a tu “príncipe azul”. Me das güeva, la verdad.
            —Eres una depravada. Siempre pensando en el sexo. Toqueteándote todo el tiempo. Mordiéndote los labios. Viéndoles el pito a todos en la calle. Soñando con los mamones del gimnasio. Si tantas ganas tienes, hazlo. Pero a mí no me metas en tus cochinadas…
            —Cochinadas. El otro día oí que los cochinos tienen orgasmos de media hora. No mames. ¿Te imaginas? ¡¡Media hora!! Anda, imagínatelo.
            —Te dije que te calles. Mejor guarda silencio. Así nunca vas a llegar lejos. Nunca te van a tomar en serio.
            —Pero, por favor, ¡escúchate! Pareces actriz chafa de telenovela. Te está haciendo daño ver tanto el canal de las estrellas. Deberías salir más. Ir al cine, a cenar rico a un restaurante, a una exposición los fines de semana. A visitar a tus amigas a las que no ves en años. Pero no. Prefieres pasártela encerrada, echadota en la cama viendo las telenovelas. Para qué le movemos, tú no tienes remedio…
            —[suspiro].
            —¿No te vas a planchar el cabello? Siquiera cepíllatelo. Parece que te agarró el aguacero. Te digo que como sigas así, no vas a agarrar ni un resfriado.
            —[…]
            —¡Qué infantil eres! Ahora no hablas conmigo. Pero regresarás. Por la noche te tendré otra vez aquí y me contarás de tu fracaso y de tu desilusión. Anda pues, no me hables. En este juego tú siempre sales perdiendo.
            —¿Qué hora es?
            —Para ti siempre es tarde. Siempre estás retrasada. Siempre andas corriendo. ¿Para qué preguntas?
            —¡¡Puta madre!! ¡¡Es tardísimo!!
            —No te digo… 

Se escucha un portazo. En la habitación sólo queda un espejo que podría sentirse solo. Si pudiera.

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