jueves, marzo 31, 2011

Pildorita

(Imagen de Ana Galindo)
Después de la píldora nada fue igual. Las orejas de Rodolfo comenzaron a crecer. Su nariz se convirtió en una trompa con la que comenzó a rascarse la cabeza. Intentó decir algo pero el tamaño de sus colmillos le impidió articular sonido alguno. He aquí que se había convertido en un elefante. Esta visión era nueva. Nunca la había experimentado. Y decidió ir más allá. Con la trompa tomó otra píldora y la arrojó adentro de su boca. Su cuerpo se cubrió de colores. Diversas formas se dibujaron en su piel. Las formas se movían, los colores mudaban del rojo encendido al blanco enceguecedor. Y quiso ir más allá. Tomó otra píldora. Pero algo salió mal. Sintió un dolor terrible en una de sus patas. Lanzó un grito y se desmayó.
          Lo despertó el chasquido de un látigo y los gritos de un domador. Estaba en el centro del escenario de un circo. Intentó detenerse, pero el látigo volvió a chasquear y, sin saber por qué, siguió caminando en círculos mientras tomaba la cola de otro elefante. Pensó que había sido suficiente. Entonces se dio cuenta que el frasco de píldoras no estaba en su trompa. Sintió un escalofrío.
         Al otro lado del escenario, un payaso de inmensa peluca tomaba una píldora y se iba transformando lentamente en Rodolfo.

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