miércoles, marzo 30, 2011

Hay una araña en el techo

Desnudo (fotografía de José Miguel Jiménez)

Cuando volvió de la calle la encontró en su cama. Desnuda. No supo qué hacer más que mirar. Y ella lo sabía. Sentía la mirada recorrer su espalda. Sabía del escalofrío y de la sequedad repentina de la garganta. Pero no dio señales de saberse observada. De espaldas a la puerta, dejó que la sorbieran luz a luz. Que todo quedara a oscuras. Que los ojos de él consumieran hasta el último rescoldo. Que en la oscuridad se supiera poseída. Y, por tanto, perdonada. No soportaba más la culpa. Todos los días, mientras el reloj desgranaba los segundos uno a uno, ella se consumía. Elegir es renunciar, se repetía. Y empezaba a llorar. Con un llanto que le duraba toda la mañana, hasta que la rutina la escupía a la calle.
          Este día, sin embargo, la calle la extrañó. Porque ella no salió. Se quedó en la cama. Mirando el techo donde una araña apenas se había movido unos centímetros en varias horas. Sabía que él volvería. Y todo sería igual. Los mismos silencios, los mismos suspiros, las mismas miradas que se desviaban de último momento. El mismo crujido del cereal y el mismo sonido del agua haciendo funcionar el excusado. El mismo calor ausente del otro cuerpo junto al suyo. La misma almohada entre los dos. El mismo mundo.
          Se quitó la ropa y esperó. Sólo dejó las sábanas sobre la cama. Quería que él la viera. La sorbiera, la deseara. Otra vez. Como la primera. Como ocurría siempre en su memoria. Y lo escuchó introducir en la cerradura la llave, girarla con premeditada lentitud, abrir la puerta. Lo supo porque la luz del pasillo se filtró hasta la pared que ella veía de frente. Porque casi se dibujaba la silueta de él en ese teatro de sombras. Ella de espaldas siente la mirada recorrerla. Reconocerla. Perdonarla. No puede evitar sentirse excitada. Gira la cabeza con toda la sensualidad de que se sabe capaz. La habitación casi a oscuras. La puerta está cerrada. No hay nadie. Ella vuelve la mirada al techo. La araña también ha desaparecido. Unos segundos después la oscuridad es total.

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