martes, abril 13, 2010

Preciosa


En alguna parte del texto, Precious, la protagonista de Push afirma:
La señora Rain dice que critican El color púrpura porque acaba como un cuento de hadas. Bueno, a mí me parece que hay historias de esas que pueden ser verdad. La vida a veces sí va a mejor. (p. 95)
Y creo que la novela de Sapphire (Ramona Lofton, California, 1950) tiene el acierto de no terminar destrozando a la protagonista en aras del "realismo" que reclama la señora Rain. Al leer de corrido esta obra, uno comprende la necedad de Lee Daniels para llevarla a la pantalla grande. Debo confesar que no he visto la cinta, pero que se encuentra en la lista de mis múltiples pendientes. Por mientras, la lectura de este texto me deja la convicción de que es una obra que no se puede desdeñar.
          La trama aborda la historia de Precious, una adolescente de 16 años que ha sido consuetudinariamente violada por su padre desde que tenía tres años, todo con la anuencia y complicidad de la madre que es una persona horrenda por donde se le quiera ver. Precious vive apocada, con la vida destrozada desde una infancia inexistente, con la discriminación a cuestas por el sobrepeso causado por los atracones que la madre le obliga a experimentar a diario, con problemas de aprendizaje por pertenecer a un sistema educativo que no tiene el menor interés en que su situación mejore y con dos hijos de su propio padre, uno de los cuales nace con síndrome de Down.
          A lo largo de la historia, la protagonista encuentra la forma de desasirse de ese destino y descubrir que puede haber muchas cosas más allá del departamento pestilente y descuidado que la madre mantiene con los cheques que la beneficencia social le da por tener bajo su (i)rresponsabilidad a Precious y a su primer hija. El escape se materializa en la señora Blue Rain, una profesora lesbiana que comienza a abrirle horizontes materiales e intelectuales que la colocan en una posición en la cual puede pensar en labrarse un futuro mejor.
          El desenlace puede ser calificado de optimista: Precious se refugia en la poesía y a través de ésta consigue expresar cuestiones que estrujan el corazón y hacen que el lector deje de atender cuestiones como la verosimilitud o el "debería ser" literario. Sin embargo, hacia el final del relato narrado por la protagonista aparece nuevamente la madre para decirle que su padre violador ha muerto de sida. Precious logra su liberación pero, al mismo tiempo, está condenada a morir por la enfermedad.
          El texto mantiene un excelente ritmo a lo largo de sus cuatro capítulos y el anexo final en el que aparecen los supuestos textos elaborados por todas las mujeres que acuden al Centro de Educación Alternativa. Con un lenguaje directísimo, que en la traducción al español se llena de jerga peninsular totalmente ajena al habla mexicana, esta novela es una lectura obligada. Inspiradora, aterradora, reveladora. Precious descubre, junto con el lector, que siempre hay alguien más jodido que uno. Y que las palabras, las letras, la poesía, siempre son un bálsamo eficaz para conjurar a dos que tres demonios.
Escúchame, bebé, mamá te ama. Mamá no es tonta. Atiende, bebé: ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ.
          Es el abecedario. Veintiséis letras en total. Con ellas se hacen las palabras. Y las palabras son todo.

Sapphire, Push, Barcelona, Anagrama, 2010. (Trad. Jesús Zulaika)

4 comentarios:

Corsario dijo...

Muy buena reseña, dan ganas de leer el libro...

Jolie dijo...

no he visto la pelicula, a veces lo precioso de la vida es descubrir entre lineas si es posible lo que puede transformar un poco la realidad insipida de afuera...

al menos
existen todavia esos libros...

:7

Anónimo dijo...

Ya escribe algo más. Has estado mu flojito, eh? Saludos, bandita.

S E B A S T I A N G O M E Z dijo...

Si, tenés razón. Es un libro muy bien hecho.
Agregaría/Corregiría en tu reseña que la traducción al castellano peninsular no solo es perturbadora para el castellano mexicano sino también para el castellano de otros países de América. Pero si es algo que siempre me causa un poco de escozor, no solo en los libros -sobretodo las traducciones de literatura angloamericana hechas por Anagrama- plagados de "gilipollas", "joder", y aquel peninsularísimo "ostia tío". Y ni que decir de las traducciones hechas al cine: da risa ver a De Niro en Taxi Driver hablando como un macarra del norte de Madrid.
Saludos,

Sebastián (de Nostromo)